yo tengo un cuerpo y... lo voy a mover
Así empieza una de mis canciones favoritas que bailan en una de mis escuelas favoritas. Y así he decidido que debía llamarse esta reflexión de la tremenda importancia que tiene el movimiento en los primeros años.
¿Por qué debería moverlo?
El movimiento hace madurar al cerebro.
El movimiento favorece la integración de los reflejos primitivos para dar paso a los reflejos posturales y a los movimientos voluntarios.
Más de la mitad de nuestras neuronas de una forma u otra participan en el movimiento (¿será porque es importante?).
Lo que observamos en los niños, todas las respuestas de damos (ellos y nosotros) las ofrecemos con el movimiento (sí, también cuando son lingüísticas, porque para hablar movemos la lengua, la boca, vibran las cuerdas vocales…).
Tenemos un sistema nervioso tan sofisticado porque nos movemos.
Y así podría seguir durante toda esta reflexión, y me daría para escribir unas cuantas hojas. Pero no pretendo aburriros.
Espero que me creáis.
¿Y qué hacemos a veces en casa y aún en muchas aulas de educación infantil?
Limitar su movimiento haciendo actividades para las que aún no están preparados como sentarles a hacer fichas en la etapa de cero a tres, mantenerlos quietos en asambleas interminables hablando de conceptos abstractos como el tiempo, el día de la paz…incluso hay centros donde se hacen “asambleas” con bebés. ¿Os suena?
Todas estas actividades que, si bien no son dañinas en sí mismas, nos están quitando tiempo para las que sí son muy relevantes en nuestra etapa. Y los propios niños nos lo dicen, nos lo muestran con su comportamiento
¿Acaso un niño de 1-2 años no está permanentemente intentando subirse a todo lo que puede para probar su equilibrio?
Claro, una vez adquirida la locomoción, necesita experimentar con su sentido vestibular, el sistema sensorial que integra casi todos los sentidos. (Si no lo hiciera, cuando sea adolescente no podrá escribir con el móvil mientras anda… por ejemplo :).
¿Acaso alguien ha visto a un niño de 2-3 años que esté quieto durante mucho tiempo?
Su programación genética sí sabe que tiene que hacer (moverse, experimentar, crear conexiones sinápticas) pero hemos inventado miles de artilugios y de estrategias para mantenerles quietos y… tranquilos.

¿y los bebés?
Los catorce primeros meses son decisivos para su desarrollo cognitivo presente y futuro. Se están creando los cimientos que van a sostener todas sus habilidades complejas y propias de nuestra especie.
El suelo es el lugar por excelencia para lograrlas. Es en el suelo y a través del movimiento como se conectarán sus sistemas sensoriales, cómo su visión ensaye la convergencia y divergencia que necesitará para ver la pizarra, cómo su cuerpo experimente con el equilibrio con el primer volteo, cómo empezará a sentirse capaz cuando logra poquito a poco su movimiento autónomo. Parece lo suficientemente relevante como para destinar nuestro tiempo en casa y en la escuela a acompañarles para hacer del suelo un espacio del que disfruten
¿verdad?
El cuerpo, mi instrumento de trabajo
No solemos pensar en que el cuerpo es, para todos nosotros, nuestro máximo e imprescindible, instrumento de trabajo.
Si yo no me siento segura con mi cuerpo difícilmente voy a sentirme segura en muchas situaciones que van a surgir en muchos momentos de mi vida (en mis cursos pongo como ejemplo el “horror” que prácticamente todas compartimos a saltar el plinto, o el potro, de uno en uno mientras todos los compañeros del cole te miraban…).
El control del cuerpo afecta, por tanto, a lo emocional. Pero también a nuestro lenguaje, el lenguaje gestual sigue siendo mucho más potente e importante de lo que creemos, de hecho, cuando hay contradicción entre el lenguaje verbal y el gestual, nuestro cerebro da más credibilidad al segundo. En conclusión, creo que solo somos conscientes de la importancia de nuestro cuerpo cuando… falla (cuando nuestro sistema vestibular no funciona bien y nos mareamos, por ejemplo).
Pues bien, si es importante para los adultos tener control sobre nuestro cuerpo, imaginad para los niños, que aún tienen que aprender a manejarlo. Necesitamos en torno a doce meses de experiencia motora previa para poder caminar, pero los meses anteriores son importantísimos e imprescindibles para que este hito de gran trascendencia para nuestra especie, se complete con eficacia.
Un bebe que ha pasado por todas las etapas, por todos los hitos motores, será un niño que ande con soltura, sin caerse, colocando bien las manos cuando tropiece para protegerse y también un pequeño que sepa dónde acaba su cuerpo y empieza el de otro.
Un niño que controla su cuerpo, que ha aprendido en la etapa infantil a coordinar sus manos y sus ojos de forma automática, tendrá por ejemplo mucho ganado para empezar el aprendizaje de la lectoescritura… y la forma más fácil de apoyarla es… sorprendentemente no poniéndole a pintar para que ensaye (ni mucho menos) sino facilitando que primero tenga control sobre sus movimientos generales, para que después pueda desarrollar sus movimientos precisos. Y… sorpresa, eso se adquiere en la etapa infantil. En la nuestra, la más importante.
Como favorecer el desarrollo infantil
Imagino que ya sabéis la respuesta.
Déjalos moverse. En todas las edades. Y en primaria y secundaria facilita los descansos activos (tiempos entre las diferentes materias para moverse y desconectar para volver a conectar).
Inicia la jornada con una actividad de movimiento (activa todas las redes, favorece la plasticidad cerebral y además, luego tendrás de premio, más tiempo de atención). De hecho también en el cole esta debía ser la actividad que arranque la jornada.
Los bebés tienen que estar en el suelo, no en hamacas, ni siquiera en parquecitos (los barrotes limitan la visión de profundidad). Un bebé que está acostumbrado a estar en el suelo acaba siendo un bebé feliz, independiente, aventurero y disfrutón. Y además con un mejor desarrollo (eso sí, no lo sientes hasta que no lo haga por sí mismo; la sedestación prematura dificulta, y mucho, el movimiento).
En las aulas de infantil de primer ciclo ten siempre presente que, lo que más va a favorecer el desarrollo cognitivo (ojo, he dicho cognitivo) del niño es el movimiento y la experimentación sensorial (aderezada con afecto, imprescindible).
Los colores, las formas geométricas, los números… son prescindibles, si se los cuentas, mejor, porque todo les interesa y cada uno se quedará con lo que en ese momento su cerebro esté preparado para asumir. Pero no tienen que aprenderlos ni es un objetivo a conseguir en esta etapa. La explicación la encuentras en su cerebro: los conceptos abstractos requieren la maduración de la corteza, la parte más evolucionada de nuestro cerebro (y en este momento no está madura).
Pero en cambio la corteza necesita de unos buenos cimientos, que debemos favorecer en los primeros años.
Hay mucho tiempo para aprender conceptos, pero manejar su cuerpo es AHORA. Es lo mejor que podemos hacer por nuestros niños de infantil que están despertando al mundo, permitirles disfrutar y aprender con su cuerpo, en un ambiente alegre, afectivo, para que asocien aprender a disfrutar, porque vamos a aprender durante toda nuestra vida.
¿Te he convencido?
(por cierto, la canción la encontráis en youtube y además favorece la simetría activando las “dos partes” de nuestro cuerpo y por tanto la actividad del cuerpo calloso y su futura lateralidad. Yo dedico este post a mi amiga Sarai, que baila esta canción con los niños como nadie)
Ana Muñoz
Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil