El arma secreta para la educación emocional

¿cómo puedes conseguir que tu hijo o tus alumnos se conviertan en adultos equilibrados emocionalmente?
sigue leyendo, tienes al experto para formarle muuuuuy cerquita.

En los últimos años se habla y se valora cada vez más la importancia que tienen las emociones en la educación de los niños. Los aportes de las neurociencias también avalan esa relevancia. Sabemos que no hay desarrollo infantil posible, ni físico ni cognitivo, cuando hay privación de afecto. Pero además también ahora sabemos que somos más seres emocionales que racionales.

Porque todo lo que pensamos, lo que recordamos, nuestras respuestas… pasan por un filtro emocional, en la mayor parte de las veces inconsciente, que nos hace ser quiénes somos.

Si has llegado hasta aquí es porque quieres encontrar ese recurso que te he prometido y que es el más importante para tu hijo o tu alumno.

Pues ese recurso lo tienes delante de la pantalla. Eres tú.

¡Qué responsabilidad! y que privilegio a la vez.

¿Por qué? porque somos su corteza

En una etapa en la que aún no ha madurado su corteza cerebral, la parte más sofisticada y evolucionada de nuestro cerebro, que racionaliza las emociones, nosotros somos su corteza.

Tener esto muy presente es muy relevante, ya que uno de los errores más comunes que cometemos los adultos, es tratar y hablar a los niños como si ellos tuvieran el mismo cerebro racional que nosotros. Por eso nos alargamos en explicaciones  que aún no comprenden, o les exigimos actuaciones que no son acordes a su edad, porque aún no han madurado lo suficiente.

El modelo y las neuronas espejo

Nuestro modelo es imprescindible y mucho más potente que cualquier otro recurso.

 La explicación de las neurociencias sobre la importancia del modelo nos llevaría a hablar de las neuronas espejo, descubiertas hace relativamente poco por Giacomo Rizzolatti y su equipo de investigadores de la Universidad de Parm, y que son las responsables de nuestros comportamientos imitativos.

Pero también  son los responsables de la empatía y de la sociabilidad de una forma muy determinante. Las neuronas espejo están en diferentes áreas de nuestro cerebro y se activan cuando observamos una acción, aunque la realicen otros e incluso cuando la simbolizamos (cuando hacemos como si la estuviéramos realizando).

Se activan cuando otra persona está triste, contenta, cuando bosteza… de forma que podamos imitar o empatizar con su conducta. Incluso realizar predicciones acerca de su comportamiento (está enfadado, me va a gritar).

Este descubrimiento da respuesta incluso a la cultura popular que siempre ha afirmado que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos.

Nadie dijo que fuera fácil...

Y es que, ¡Qué importante es contar con una buena educación emocional! Y qué difícil…

Para empezar porque es algo tan “reciente” que los padres y madres probablemente no hayamos tenido muy buenos modelos de los que aprender. O sí, pero modelos espontáneos, porque antes (no hace tanto), incluso se miraba con malos ojos ser empático, paciente, asertivo, cooperativo, proactivo… cualidades que ahora están en alza y a las que casi nos sentimos obligados a tener, aunque sean difíciles de aprender y aún más de practicar.

Educar es equivocarse, por lo que las equivocaciones están permitidas.

Recursos para expertos emocionales como vosotros

Y por eso nuestro primer consejo (que fácil es darlos y que complicado a veces practicarlos) es:

PEDIR PERDÓN Y CONTAR HASTA DIEZ

Si, lo que habéis leído, pedir perdón. Porque nos vamos a equivocar y no vamos a respetar sus emociones muchas veces (porque estamos cansados, porque ese día no tenemos paciencia…). Porque cuando la conducta de nuestros hijos nos hace enfadar respondemos con nuestra amígdala, que es instintiva e incontrolable, en vez de con nuestra corteza, que piensa y reflexiona.

Y por eso ese truco de “contar hasta diez” funciona. Da tiempo a que racionalicemos la conducta antes de contestar o actuar de forma impulsiva (tal y como le está pasando a nuestros hijos en ese momento de conflicto).

REGULAR-NOS PARA REGULAR-LES

Relacionado con lo que acabamos de contaros, nosotros debemos ser el modelo porque somos la corteza, la racionalidad, de nuestros hijos que aún no tienen completamente desarrollada la suya.

Pero para poder serlo, tenemos que conocernos a nosotros mismos y ser capaz de autorregularnos. Y como dice Aldort (2009), darnos tiempo para hablar en silencio con nosotros mismos, aislándonos del comportamiento y de las emociones de los niños, para centrarnos en ellos (en su emoción) y no en la nuestra. Este es un reto muy difícil, porque las emociones son tremendamente contagiosas.

Y eso incluye pararnos a reflexionar si lo que les decimos cuando están y estamos enfadados, es lo que debemos decirles racionalmente o si está influido por lo que inconscientemente hemos aprendido, nuestros miedos, nuestros recuerdos, etc.

Nadie dijo que fuera fácil. Y lo primero para poder evolucionar y cambiar, es ser conscientes.

FOMENTA LA EXPRESIÓN DE EMOCIONES

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la diferencia entre emoción y sentimiento, y que las emociones son inconscientes, involuntarias, contagiosas, subjetivas e intensas. Pero también muy cortas en el tiempo. Limitarlas es imposible.

No podemos evitar sentir ira, alegría, miedo… y los niños tampoco. Y ponerles nombre es la primera manera de reconocerlas. Y reconocerlas es el primer paso para saber manejarlas.

Por eso debemos evitar minimizar las emociones, el famoso “no pasa nada” cuando se caen, cuando se sienten mal… e incluso preguntarles porque lloran, porque la gran mayoría de las veces, ni ellos mismos lo saben.

Nombrar la emoción que sienten es un buen consejo, porque les ayudará a ser capaces de reconocerla y poder controlar la conducta que va asociada a esa emoción cuando llegue el momento. Y también es un buen consejo permitir que experimenten con ellas, porque todas ellas son importantes y tienen una función que cumplir (son imprescindibles para la supervivencia).

Otra cosa es la conducta que va asociada a la emoción, que esa en ocasiones sí tendremos que limitarla (puedo estar enfadado pero no puedo tirar los juguetes porque lo esté, por ejemplo).

LA FÓRMULA DEL APEGO

Naomí Aldort (2009) en su libro “Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos”, utiliza la llamada fórmula del apego, que también puede resultarnos útil, y que de forma sencilla, resume las actuaciones que podemos realizar los adultos para ser buenos modelos emocionales. Os las contamos:

  • A: Aislarse de las emociones del niño para encontrar la calma y actuar reflexivamente.
  • P: Prestar atención al niño y a lo que le sucede (poner el foco en el niño y no en nosotros)
  • E: Escuchar al niño, tanto lo que dice verbalmente si es el caso, como lo que dice con sus acciones , colocándonos a su altura, estableciendo contacto visual, dándole a entender que le comprendemos
  • G: Garantizar la validación de sus emociones y necesidades.
  • O: otorgar poder al niño para resolver su dificultad, confiando en él y ayudándole cuando lo necesita.

Este último punto también es importante, especialmente con los más pequeños. Ya que tendemos a “resolver” siempre las situaciones conflictivas que surgen (peleas por juguetes, riñas entre hermanos, etc.) sin dejar que ellos lo intenten, os lo explicamos a continuación.

ACOMPAÑA Y CONFÍA

Un niño muy pequeño va a pedir nuestra ayuda para resolver sus conflictos. Es lógico (acordaros, somos su corteza). Vendrá desconsolado a pedirnos apoyo cuando no le dejan jugar, le han quitado un juguete, le han pegado o mordido… en estos casos la tentación de resolver por ellos la situación es muy grande.

Pero probad a acompañarles. Cuando surge un conflicto y acompañamos al niño a pedir explicaciones le estamos ofreciendo la seguridad que necesita para hacerlo, y también le estamos diciendo que es capaz de defenderse. Importante para su autoestima, ¿verdad?

Esto se puede practicar incluso con niños que aún no tienen lenguaje (precisamente por eso surgen los conflictos, porque se expresan con el cuerpo). Nosotros pondremos el lenguaje (“dile a Juan que no te ha gustado lo que ha hecho) y el pequeño podrá utilizar el lenguaje gestual para apoyar el discurso, diciendo que no con la cabeza, ofreciendo su mano para que le devuelvan el juguete, etc.

CUENTA LA HISTORIA

Una vez que el niño se encuentra calmado contarle lo que ha ocurrido, o que él pueda contárnoslo, si su edad le permite hacerlo, es una estupenda idea. Porque de esta forma será más consciente de esas emociones que sintió e incluso de la conducta que acompañó a la emoción por la situación en la que se encontraba. Además de esta forma convertirá esta experiencia en aprendizaje.

Porque los conflictos también ayudan a crecer y son oportunidades de aprender.

EVITA SITUACIONES DE ESTRÉS

A veces, también manejando situaciones emocionales, la mejor batalla es la que no se produce. Las situaciones conflictivas producen estrés tanto en el niño como en nosotros. Y el estrés es el mayor enemigo de nuestro cerebro y del suyo.

Cuando dejamos llorar a un niño por no hacerle caso, o le aislamos (sentarse a pensar, por ejemplo) su cerebro empieza a producir cortisol, una hormona asociada al estrés, que aún no pueden gestionar y que en edades tempranas es muy dañina.

Por eso anticiparse, cuando sabemos que están cansados, hambrientos, soñolientos… respondiendo a esa necesidad antes de que surja el conflicto es una buena idea. E incluso a veces será suficiente distraer a su cerebro antes de que se produzca la rabieta. En la etapa infantil es francamente fácil captar su atención con otro estímulo que le haga olvidarse de que quería el jersey azul y no el rojo.

Podríamos seguir, pero esto ya se está haciendo un poco largo. Así que vamos a terminar como empezamos:

Con la importancia del modelo, y es que, si los niños sienten nuestra cercanía afectiva, si somos capaces de trasmitir nuestro cariño no solo con lenguaje verbal sino también gestual y táctil (importantísimo tocarles), ya estaremos siendo unos modelos estupendos.

Y esta última parte, quererles, es la más fácil de todas.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

https://neuropedagogiainfantil.com/

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