Hace bueno, quitamos el pañal

No, el control de esfínteres no depende de la estación del año... ni tampoco del aprendizaje, es un proceso madurativo

El control de esfínteres es probablemente, junto con la locomoción, uno de los hitos de desarrollo más esperados durante esta etapa, tanto por la autonomía que este logro implica en los niños como por las exigencias en muchos casos de los colegios, para la incorporación de los más pequeños al segundo ciclo de la Educación infantil.

Pero, a pesar de que aún es frecuente que este logro se intente alcanzar recurriendo al aprendizaje, el control de esfínteres es, fundamentalmente, un proceso madurativo. Es decir, no se puede aprender si el niño no está maduro para lograrlo. Y por ello no se alcanza porque se le “vaya sentando a ratitos en el orinal” sino que necesita de la maduración de diferentes estructuras que harán que pase de ser un reflejo automático a una conducta voluntaria y controlada.

El control de esfínteres, por tanto, depende del desarrollo de cada niño (de su ritmo y maduración) y NO SE PUEDE INDUCIR externamente. Solo se puede acompañar y apoyar el proceso cuando el niño está maduro y motivado para lograrlo.

¿Qué necesita el niño para lograr el control de esfínteres?

Para lograr el control de esfínteres el pequeño debe:

  • Haber madurado las estructuras de control cortical implicadas en el proceso.
  • Haber logrado la capacidad muscular que permite el control de la micción y la defecación.
  • Tiene que estar motivado y sentirse acompañado por los adultos que le hacen sentirse seguro de poder lograrlo e incluso de disfrutar del proceso.

Es decir, debe tener una cierta madurez neurológica, fisiológica y psicológica, pero también que respetemos sus ritmos de maduración y que confiemos en sus capacidades.

¿Cuándo ha llegado el momento? Algunos indicadores de maduración.

Generalmente esta adquisición se producirá en torno a los 24-30 meses, aunque puede variar en función del niño y de su propio proceso madurativo. De esta forma puede iniciar el control desde los dos a los cuatro años, y completar el proceso con el control nocturno hasta los 6-8 años, ya que el control nocturno de la orina es el último en alcanzarse.

Algunos indicadores que pueden ayudarnos a saber si están maduros para lograrlo son (no es imprescindible que se cumplan todos):

  • Empieza a ser más consciente de su cuerpo y esquema corporal, diferenciando algunas de sus partes y teniendo cierto control sobre su cuerpo que le permite agacharse, subir, bajar, saltar… y también subirse y bajarse la ropa de forma autónoma.
  • Tiene más consciencia de sí mismo, utilizando el “yo” y el “mío”. ES decir, comienza a diferenciarse de otros y a conformar su propia identidad.
  • Posee “cierta” capacidad para controlar sus impulsos (es una etapa en la que la inhibición es aún muy inmadura, pero puede lograr esperar un poco, por ejemplo) es una habilidad que necesitará para “llegar al baño”.
  • Su lenguaje le permite expresarse y hacerse entender, es capaz de decir que no (de decidir si desea o no hacer algo)
  • Reconoce algunas nociones espaciales como arriba, abajo, dentro, fuera…
  • Pasa muchos ratos con el pañal seco, con micciones menos frecuentes y más predecibles.
  • Es más consciente de cuando está sucio o puede identificar sensaciones previas antes de hacer pis/caca.

Y también es imprescindible contar con la motivación del niño, ya que sin ella es muy difícil lograr el éxito del control aunque esté maduro. Afortunadamente podemos presentar esta nueva habilidad de una forma muy positiva y ayudarnos de algunos recursos que pueden ayudarnos a motivarles a lograrla (cuentos, ropa interior, el modelo de la propia familia…).

El proceso de control

  • Elegir el momento adecuado; además de que el niño esté preparado, debemos elegir un momento tranquilo, sin cambios (no hacerlo coincidir con cambio de habitación, nacimiento de hermanos…). El control no está asociado a ninguna estación, por lo que aunque sea más frecuente que las familias prefieran que coincida con el buen tiempo, no es necesario.
  • Disponer de un ambiente relajado, tranquilo, siendo conscientes de que en el proceso de control es lógico que haya escapes y no hay que darles importancia, también forman parte del proceso.
  • Para favorecer la motivación y el conocimiento de los nuevos elementos que formarán parte de este hito, podemos comprar con el niño la ropa interior de sus personajes favoritos e incluso un adaptador para el water u orinal si le da miedo el water o siente inseguro en él (si no le da miedo es preferible utilizar un adaptador para el water, ya que el orinal es un paso intermedio y menos higiénico).
  • Utilizar ropa que facilite su autonomía, pantalones cómodos que pueda subir y bajar por sí mismo. Favorecer su autonomía logra también mejorar su autoestima y sentimiento de capacidad.
  • Dar naturalidad al control, obviar los escapes y felicitar los logros sin exagerar. Tampoco es conveniente estar permanentemente preguntándoles o llevándoles al baño, ya que es la mejor forma de desmotivarles. Es preferible que sufran algún escape a estar permanentemente obligándoles a ir.
  • Establecer momentos concretos en la jornada (en la medida de lo posible que coincidan con sus hábitos de micción/excreción) como al levantarse, a media mañana, antes y después de la siesta, antes de salir al parque, por la tarde y antes del baño suelen ser más que suficientes. También es útil plantear estas visitas al baño en positivo y como una afirmación (mejor decir “vamos al baño” que “ ¿no te apetece ir al baño?” cuando no es opcional.
  • Felicitar también los pasos intermedios, como avisar de que quiere ir al baño aunque no llegue a tiempo. Es mejor utilizar refuerzos verbales que premios físicos, y en cualquier caso, una vez logrado el control se deben retirar.

¿Qué debemos evitar?

  • Las prisas, no respetar los tiempos y los ritmos de los niños. No dejarnos llevar por los comentarios de otros familiares o amigos, experiencias ajenas o cómo haya sido con sus hermanos.
  • La incoherencia, si alternamos tiempos de pañal con otros en los que lleva ropa interior, el pequeño no sabe cuándo es necesario que ejerza el control. Igualmente las llamadas braguitas de aprendizaje no suelen resultar muy útiles.
  • Enfadarnos con el niño cuando se producen escapes. Todos los aprendizajes incluyen errores. En el caso del control de esfínteres estos errores les ayudan a ser conscientes también de cómo se produce ese control (la sensación de mojarse que no han vivido antes).
  • Exagerar en los refuerzos para favorecer que se fortalezca el aprendizaje. Podemos y debemos utilizar refuerzos (palabras afectuosas) pero deberán irse espaciando a la vez que se va logrando el control para retirarse, y darle normalidad cuando este ya está adquirido.

Posibles incidencias...

  • El niño no está maduro y sufre escapes permanentes: se puede volver a poner el pañal, el hecho de quitarlo no quiere decir que no haya marcha atrás. Lo único que es probable que hayamos perdido “un poquito de motivación” para cuando esté preparado.
  • Que el niño utilice los escapes “a voluntad” para llamar la atención del adulto: no darle importancia, sin enfadarnos, darles ropa y toallitas para que se limpien (no lo harán bien, pero se aburrirán de hacerlo y dejarán de utilizarlo como llamada de atención).
  • Está maduro pero no está en absoluto interesado: intentar nuevas estrategias de motivación, y en algunos casos, pocos, acaba siendo necesario quitar el pañal y dar por hecho que hemos pasado a otra etapa (reforzando en cualquier caso los logros).
  • Les da miedo la caca, se estriñen y piden el pañal de nuevo; hay veces en las que pasa, ven algo que sale de su cuerpo y que no han visto nunca y eso les provoca inquietud. Acompañarles con afecto, poco a poco, se irán sintiendo más seguros.

¿Cuándo podemos decir que el control de esfínteres está adquirido?

Cuando el pequeño haya logrado no sufrir ningún escape en cinco, seis días podremos decir que ha logrado el control diurno. Recordemos que el nocturno puede alargarse mucho más en el tiempo sin que sea patológico (hasta los seis años).

La retirada del pañal por la noche se puede llevar a cabo cuando durante una semana, diez días, se despierte con el pañal seco. Despertarle para “ayudarle” a lograr este control es un error, ya que no ayuda al control y estaremos interrumpiendo su sueño (imprescindible para su desarrollo) para no lograr ningún avance.

Una vez que esta adquirido por completo el control, es conveniente enseñar al pequeño habilidades higiénicas relacionadas con él, como subir y bajar la tapa del water, cortar el papel higiénico y limpiarse, tirar de la cadena, lavarse las manos…

Y cuando este logro esté definitivamente conseguido, debemos confiar en su autonomía y quitar todos los refuerzos (recordarle ir al baño, insistirle) ya que debemos pensar que es igual de hábil que los adultos para controlarlo.

¡ A por otra etapa!

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

https://neuropedagogiainfantil.com/

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