El período de adaptación: una reflexión sobre la práctica

Un período de cambios, de aprendizajes emocionales que requiere acompañamiento, afecto y comprensión

Comenzamos un nuevo curso escolar, con ilusión, energías renovadas y… también con cierta pereza por el tan famoso “periodo de adaptación”. Realmente esta es una etapa que no tendría que ocasionar este estrés ni a los niños, ni a las familias ni a los profesionales, pero la realidad es que aún sigue siendo una de las cuentas pendientes de escuelas, colegios y familias.

El famoso, período de adaptación…

¿Cómo suavizarlo? sí, si hay una manera

Un período de adaptación con las familias presentes en el aula facilitaría enormemente la incorporación de los niños al sistema educativo en nuestra etapa de una forma más respetuosa y alegre, pero no siempre se podrá realizar. En algunas ocasiones por las propias familias y su falta de conciliación laboral y familiar, otras por qué no lo permita el propio centro en el que trabajamos, e incluso en algunas  podrán ser los propios docentes los que no deseen trabajar con las familias presentes en el aula por una mala entendida vergüenza, por sentirse evaluados…

En muchas ocasiones he escuchado a centros que no lo realizan de esta forma porque no todas las familias pueden, y sería injusto con los niños cuyos padres no pueden acompañarles. En este caso se hace necesaria una reflexión práctica: ¿no estarán mejor atendidos los niños cuyos padres no se encuentran presentes si el resto de los niños sí lo están? ¿No tendrá más tiempo el docente de atenderles cuando los demás niños acompañados ya están atendidos? … parece que esta justificación se cae por su propio peso.

No obstante, con este primer blog de este nuevo curso escolar queremos intentar aportar nuestro granito de arena, por si os sirve a profesionales o familias, para facilitar a los niños este período de adaptación en cualquiera de los casos en el que os encontréis.

Protagonistas de la adaptación

“El Proceso de Adaptación es algo que el niño hace, es algo suyo, algo propio que él tiene que elaborar, es una conquista, es un proceso personal y voluntario”. (Gervilla, 2006, p.12).

Realmente todos, niños, padres y profesores, sufren (sufrimos) el período de adaptación, pero realmente el foco debe estar en el niño. En ocasiones se nos olvida ponernos en el lugar de esos pequeños que, de repente, se ven separados de su entorno, de sus familias, y se encuentran en un entorno extraño con niños desconocidos que probablemente lloren y con adultos que no conocen. Sin saber si esto va a ser algo temporal o permanente, si van a venir a buscarles o si se van a quedar allí (sensación que se acentúa cuando las familias se marchan sin despedirse de los niños). Recordemos que muchos de los niños que tenemos en las aulas no tienen aún un lenguaje comprensivo y unas capacidades cognitivas que les permitan anticiparse ni planificar que va a suceder en el futuro.

¿Cómo nos sentiríamos nosotros en su lugar? ¿Cómo nos hemos sentido el primer día de un nuevo trabajo? seguramente no estábamos felices, tranquilos ni nos mostrábamos como somos realmente. Si nosotros, adultos, con muchos más recursos, edad y habilidades no lo hacemos, ¿podrán hacerlo los niños?.

Estas emociones nuevas, esta inseguridad, hacen muy difícil que un niño coma, duerma o se separe de este nuevo adulto que acaba de conocer en este entorno nuevo. No pidamos más a los niños en estos primeros días. ¿Los adultos comeríamos tranquilamente, dormiríamos en un sitio extraño que  vivimos como amenazador y que seguramente, por su cerebro límbico interpreta como que compromete su supervivencia? seguramente tampoco.

Un ejemplo práctico son aquellos niños que no quieren separarse de su mochila, o que durante la siesta se niegan a descalzarse… para ellos esos objetos les acercan a su casa, separarse de ellos es aún más doloroso. ¿Pasa algo porque duerman con zapatos estos días o si no logran dormirse? ¿Pasa algo si comen poco o se niegan a comer? tengamos paciencia, la normalidad llegará.

Sé que al leer esto muchos de vosotros estaréis pensando “ya, pero a ver quién le cuenta a las familias que además no ha comido con lo angustiadas que están”. Es cierto, pero la solución se encuentra en la información y en la confianza. Cuanto más informadas estén las familias, menos dificultades nos encontraremos.

La información: imprescindible

Si un padre, madre, abuelo… ya sabe que esta primera separación familiar que implica la adaptación puede tener diferentes consecuencias (falta de apetito, inseguridad, retomar hábitos olvidados que le consuelen…) será  más probable que acepten que estas situaciones puedan darse durante unos días y aceptarlas con mayor normalidad.

Empatizar con ellas y ofrecerles toda la información que necesitan es la mejor forma de ganarnos su confianza, y también de que sepan que sus hijos van a estar atendidos por profesionales que saben lo que se traen entre manos.

Es importante:

  • No mentirles nunca, ni ocultarles información, incluso aunque lo hagamos por su «bien». Es difícil pero debemos encontrar el punto medio entre decirles que “llevan todo el día llorando” o que “han pasado un día estupendo” cuando salen con hipo o los ojos enrojecidos de llorar. Quizá sea más fácil decirles que “han tenido algún ratito más tranquilo que otros días, aunque aún come poco o le cuesta conciliar el sueño”. Las palabras son importantes, elegidlas con cuidado.
  • Comentarles cómo están organizados los horarios del día a día también les genera confianza y tranquilidad. Al igual que tener previstos los horarios del centro durante este período.
  • Prever momentos diarios en los que poder hablar con ellos estos días, si es posible de forma personal, también les ayudará a estar más tranquilos, a ir entendiendo porque se dan las reacciones en el niño que están observando.

Establecer un vínculo afectivo y seguro

Otro punto, el más importante de nuestra labor en estos primeros días es ir logrando poco a poco convertirnos en un referente afectivo y de cuidado de nuestros pequeños alumnos. Para ello hay que, no tener prisa (no se puede adelantar un proceso que es propio y personal de cada niño) y mostrarles nuestro afecto respetando sus necesidades y también, sus emociones.

Respetar las emociones de los niños es imprescindible en todas las etapas. También en esta. Es lógico que los niños se sientan como lo hacen, no se trata por tanto de quitarle importancia a lo que sienten, si tampoco de minimizar o tratar de evitar ese conflicto interno que les produce esta nueva situación, sino de acompañarles en este proceso interno.

El niño debe completar este período hasta lograr su aceptación de forma interna. Y este proceso pertenece al niño, y no al adulto. Nosotros debemos acompañarles, ofrecerles seguridad, afecto y atención, para que este proceso se resuelva de la mejor manera posible. 

¿Cómo ayudar y acompañar a l@s niñ@s?

Para acompañar y ayudar al niño en este proceso podemos:

  • Darle el tiempo que necesita cada niño para asimilar esta nueva situación, y no ceñirnos a un tiempo concreto (un mes, una semana…) los tiempos serán personales para cada niño.
  • Respetar la expresión de sus emociones, sin minimizarlas. Es lógico que se sientan como se sienten. Es lógico que lloren. No podemos juzgar lo que sienten ni mucho menos regañarles por ello. La empatía y el reconocimiento emocional debe partir del adulto: «entiendo que te sientes triste porque no están tus papás, ¿qué te parece si mientras vienen jugamos un ratito?»  parece mejor opción que: «no llores, jugamos un ratito y vienen tus padres». 
  • Favorecer que sus familiares puedan acompañarle en el aula los primeros días siempre que sea posible, desterrando nuestros temores a qué nos miren o nos evalúen mientras trabajamos. Es cierto que no es el mejor momento para sentirnos observados, pero también en los momentos más complicados es cuando más se demuestra nuestra profesionalidad, no tengáis miedo a mostrarla. 
  • Permitir que lleven, si lo desean, objetos de apego, mantitas, chupetes (reguladores emocionales)… que les ofrezcan la seguridad que necesitan en estos momentos. Y también respetar que no quieran separarse de ellos durante todo el tiempo en que los necesiten (también una vez superado el periodo de adaptación).
  • Organizar actividades llamativas que les permitan distraerse y empezar a asociar la Escuela con un lugar donde son queridos y suceden cosas divertidas. Es un error no tener previstas actividades, recursos y materiales que nos ayuden a hacer más amenos estos primeros momentos. En un aula en el que no hay ninguna actividad, y solo se consuela a los niños, es más frecuente que todos ellos lloren.
  • En ocasiones puede que los niños se sientan perdidos en el espacio del aula, en ocasiones es útil acotar el espacio, crear un rincón más pequeño y acogedor dentro del aula en el que el docente pueda estar sentado a la altura de los niños facilitando así su seguridad y con todos los materiales que necesite muy cerca, para que no tenga que levantarse. 
  • Posibilitar que antes de iniciar la escolaridad puedan visitar su aula e incluso conocer a su profesor, para que el espacio les resulte conocido cuando los niños son más mayores también puede resultar de utilidad. Al igual que iniciar el curso con una actividad conjunta con las familias en el patio, realizando juegos y posibilitando que puedan explorar el aula con sus familiares. 
  • No mentirles nunca, diciendo que sus padres van a volver en un momento cuando no será así, ni chantajearles (si lloras tus padres se ponen tristes, o no te entiendo si no me lo dices sin llorar…). Estas prácticas deberían estar ya desterradas de todas las aulas.
  • Tomate un respiro cuando lo necesites. En ocasiones la tensión de estos primeros días hace que necesitemos salir del aula para volver a entrar cuando hayamos recuperado nuestro equilibrio. Esta es también una actuación que beneficia a los niños. 

Con optimismo

Sabemos que este primer mes es complicado, incluso que más que un periodo de adaptación es un momento de “emergencia”, en el que todo el centro, docentes, instalaciones, recursos… deben estar al servicio de los niños.

Pero es importante mantener el optimismo y trasladarlo también a las familias de los pequeños. Este proceso complicado también implica maduración, crecimiento personal y un aprendizaje para los más pequeños, que puede ser positivo con nuestra ayuda y acompañamiento.

No perdamos de vista lo que van a aprender, a disfrutar, a reírse en nuestra Escuela y con nosotros cuando nos fallan las fuerzas, o cuando necesitamos salir un momento del aula para recuperar la tan necesaria calma que debemos transmitir a nuestros niños.

¡A por un nuevo curso lleno de nuevas emociones y aprendizajes!

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

https://neuropedagogiainfantil.com/

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