Al rico sólido, empezando con la alimentación complementaria

Cualquier cambio genera cierta incertidumbre, y cuando se trata de nuestro bebé aún más. Ha llegado el momento de introducir la alimentación complementaria, el bebé ha llegado a los seis meses. Los pediatras nos ayudarán mucho para conocer en qué momento incorporar cada alimento pero, ¿Cómo lograr que los acepte? Os contamos algunos truquitos para ayudaros.

Tener una buena relación con la comida, desde el principio es MUY importante

La alimentación de nuestros hijos siempre preocupa a los padres. Es lógico, nuestra naturaleza, y nuestro propio cerebro, hace que «mantener a nuestra progenie con vida» sea nuestra primera prioridad. Pero, además,  si nosotros hemos sido malos comedores, este momento (y nuestras expectativas) se complican. Ya que siempre tendremos el miedo de que nuestros hijos nos hagan pasar por todo aquello que pasaron nuestros padres (¿existirá esa venganza del destino?).

El momento de la comida debe ser un momento normalizado, tranquilo y acompañado de afecto. Tal y como ha sido antes de iniciarse la alimentación complementaria, ya que cuando le dábamos el pecho o el biberón a nuestro pequeño, era un momento calmado, afectuoso, que ya inicio una relación positiva con la comida. Ahora se trata de continuarla, ya que estas primeras experiencias y vivencias con la nueva comida, también van a tener mucho peso en la relación que establezcan con ella en el futuro.

¿Y qué mejor manera de empezar que creando un buen ambiente, unas expectativas positivas y coherentes a la edad de los niños y a su apetito? 

Patata y zanahoria... No parece muy apetecible

Es cierto que generalmente los primeros alimentos que se introducen en su dieta, salvo que nos hayamos decantado por poner en práctica el Baby Led weaning (del que hablaremos otro día, porque es una forma estupenda de introducir de forma natural, los alimentos sólidos), no suelen tener un sabor muy apetecible para los más pequeños. Dice Ignacio Morgado (2012) que los bebés sienten predilección por los sabores dulces, evitando los amargos o ácidos. La explicación se encuentra en nuestro cerebro de supervivencia, que trata de protegernos del peligro, y estos sabores son los que habitualmente tendrán los alimentos en mal estado o cuyo consumo sea peligroso. 

¿Cómo salvar este primer escollo? vamos con algunos trucos… 

Revisando nuestras creencias y expectativas

¡Cuidado nuestras expectativas tienden a cumplirse!

Ya hemos mencionado como nuestros miedos pueden convertirse en nuestro enemigo. El inicio de la alimentación complementaria es un aprendizaje, y como tal, requiere su tiempo. No podemos pretender que el primer día les encante ese nuevo sabor (aunque habrá algunos niños a los que sí), ni que tomen una gran cantidad.

Es importante no perder de vista que su estómago es pequeño, por lo que la cantidad de comida no puede ser excesiva. Y también es muy importante que nuestra actitud sea positiva (y no tensa), transmitiendo seguridad, calma, y como no, CONFIANZA en ellos. Sin olvidar que el protagonista de este momento es el niño, él es el que come, el que se alimenta, no nosotros. Respetar su apetito también es una de las mejores formas de iniciar la alimentación complementaria.

Sé que llegado este punto, habrá familias que estén pensando, ¿y qué pasa cuando no come nada? un libro estupendo de Juan Carlos González (mi niño no me come) nos enseña que un niño que tenga alimentos a su alrededor no va a morir de hambre. 

¿Hemos conseguido algo cuando nos hemos enfadado para que coman más? seguro que la respuesta es que no, y 50 gramos más de comida, una última cucharada, no va a hacer que «engorde», pero sí puede hacer que tenga una mala relación con la comida nada más empezar. 

Mejor con las manos

Sé que esto va a parecer extraño, pero permitir que el bebé experimente con los nuevos alimentos con las manos, va a facilitar (y mucho) su aceptación. 

La comida guarda una relación muy estrecha con los sentidos, en ella están prácticamente todos implicados (incluso aquellos asociados al movimiento), por lo que si esta experiencia le permite descubrir, explorar y además su sabor no les desagrada, tendrá muchas más posibilidades de aceptarla. Ya habrá tiempo de enseñarle a utilizar la cuchara (y además lo aprenderá muy pronto).

Recordar que en estos primeros días, nuestro objetivo, no es que coman, es crear una buena relación con la comida, y que estas primeras experiencias las asocie a momentos positivos (también, y sobre todo, emocionalmente).

Nariz y manos limpias, y "bibe" preparado

A veces se nos olvida que los más pequeños también pasan el día cogiendo cosas e incluso pelusas con sus manos, son una fuente imprescindible de aprendizaje en todas las etapas, pero con más razón en esta. Y si van a coger los alimentos con las manos, es especialmente relevante, que las manos estén limpias. La nariz también. Sin mocos. Ya que al comer necesitan respirar por la boca, y una nariz llena de mocos no permite estar cómodo al respirar.

También es útil tener el biberón preparado, ya que sigue siendo su alimento principal hasta que esté bien instaurada la alimentación complementaria. Es probable que, una vez que se canse de esta nueva experiencia, reclame con insistencia su comida. 

Y... llegó el momento

  • Organizad una rutina: horario siempre similar, lugar donde va a comer, instrumentos y accesorios, todo preparado cuando sentemos al pequeño… de esta forma creamos un entorno predecible que da seguridad.
  • Sin distractores. Ni vídeos, ni tele, ni juguetes… no vamos a distraerle sino a enseñarle una nueva e interesante actividad: la comida en familia.
  • La postura debe ser erguida (en función de su edad) para facilitar la deglución y la masticación posterior, colocadlo semi incorporado en una hamaquita, trona o similar
  • Colocar un plato y una cuchara de plástico con muy poquita comida para que el bebé “intente” comer. No lo conseguirá porque aún le falta coordinación y práctica. En cambio meterá las manos en el plato y se chupará los dedos. No importa. Ya hemos visto que esta manipulación va a apoyar la aceptación de la nueva comida.
  • Mientras el bebé experimenta nosotros le daremos pequeñas cucharaditas con otro plato (el de verdad). La cuchara mejor plana y de un tamaño acorde a la boca del pequeño.
  • El bebé debe colaborar activamente abriendo la boca, retirando la comida con el labio superior… Debemos evitar “dejar caer” el puré en su boca sin que él participe, ya que de esta forma traga como un reflejo y él debe ser el protagonista: es él el que está comiendo

Algunos truquitos útiles para favorecer la aceptación

  • Introducir la cuchara de forma recta, presionando la lengua suavemente hacia abajo y sacarla también de forma recta. Tened cuidado de no molestar sus encías con la cuchara
  • Las primeras veces puede resultarnos útil apoyar la cuchara encima de su lengua y facilitar que succione para conseguir el alimento. De esta forma evitamos que empuje la comida fuera con la lengua y le resulta más fácil cerrar la boca para tragar
  • Si es posible comed con él los primeros días. Los padres somos modelos muy potentes, y si además nuestra comida es similar mejor (nuestro puré puede tener más verduras y un poquito de sal)
  • No os olvidéis de reforzar siempre lo poco o mucho que haya tomado. Acariciadle, habladle con palabras cariñosas relacionadas con este momento “que rico”, “que bien”. Recordad que los gestos transmiten más que las palabras

¡Buen apetito! Disfrutad del aprendizaje.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

https://neuropedagogiainfantil.com/

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