Diez errores a evitar durante el primer año
Convertirse en padres es una experiencia única e inimaginable hasta que no comienza, pero afortunada o desafortunadamente nuestros bebes no vienen con un libro de instrucciones para saber hacer lo “correcto”. Y aunque tenemos que perder el miedo a equivocarnos, porque afortunadamente (en este caso sí) ya venimos cognitivamente preparados para tener un desarrollo adecuado, en ocasiones nuestras actuaciones, con toda nuestra buena intención, en vez de ir a favor juegan en contra.
Para evitarlo os mostramos un decálogo de los errores más comunes que debemos evitar para facilitar el desarrollo físico y cognitivo del bebé durante este importantísimo primer año.
1.- COMPARAR
Quizá no durante los primeros meses, pero la tentación de comparar al bebé con el desarrollo de sus hermanos, con el vecino que tiene la misma edad… es muy fuerte a partir de los primeros meses. Pero no debemos perder de vista que…
- el desarrollo siempre es único, personalizado para cada ser humano. Aunque sigamos los mismos patrones no todos los realizaremos al mismo tiempo y en ocasiones ni siquiera de la misma forma
- y eso es también lo que nos hace únicos (genial, ¿no?)
2.- ADELANTAR EL DESARROLLO
Muy relacionado con el anterior, todos queremos lo mejor para nuestros hijos, que sean los más listos, los más autónomos, los más guapos… pero el desarrollo es jerárquico, como una escalera en la que a cada escalón le sigue el siguiente. Y cuando saltamos uno perdemos las habilidades que ése nos iba a aportar. No se trata, por tanto, de que consigan gatear, andar, hablar antes que otro, sino de apoyar y facilitar la etapa en la que están en cada momento.
- El hecho de que un bebe consiga antes o despues un hito de desarrollo no quiere decir que sea mejor o peor. Por ejemplo, el hecho de que camine antes de “lo habitual” no siempre es beneficioso para su desarrollo, es más puede perjudicarle si no lo ha logrado pasando por todos los hitos previos finalizados y automatizados (antes de andar hay que voltear, reptar, gatear, …)
- Además de respetar el ritmo evolutivo del bebé debemos evitar todo aquello que frena su desarrollo. La utilización excesiva de tronas, hamacas, carritos e incluso parques infantiles limitan el movimiento de los niños, que a su vez tiene una clara repercusión coginitiva y además les hace más dependientes del adulto (para conseguir un juguete, cambiar visualmente de espacio, etc.)
- Lo mejor: sin prisa, pero sin pausa. Es decir a su ritmo pero avanzando. Solo debemos preocuparnos cuando no hay avances, no cuando estos no se producen cuando a nosotros nos gustaría.
3.- SOBREESTIMULAR
La tendencia actual, e incluso el excesivo uso de tecnología digital a la que todos estamos sometidos, ha entrenado a nuestros cerebros a buscar información rápida e incluso a desechar la que supone un mayor esfuerzo. Esta cultura actual del exceso de estímulos también llega a los más pequeños buscando que estén permanentemente “estimulados”. Pero debemos recordar que el filtro sensorial de los bebés es aún inmaduro y que es frecuente que un exceso de estímulos les bloquee y les haga irritarse o desconectar su sistema (en ocasiones durmiéndose, por ejemplo cuando les llevamos a un centro comercial).
No toda la estimulación es, por tanto, positiva:
- Lo es la que se adecúa al receptor, a sus gustos, preferencias y, como no, a su desarrollo. Lo que a un bebé le gusta, a otro puede resultarle excesivo y a otro no provocarle nada en absoluto.
- Para saber cuál es la estimulación adecuada a nuestro bebé lo mejor es observar sus reacciones. Repetir la que le gusta y evitar la que le irrita
- Son signos habituales de irritación, además del llanto, la negación con la cabeza, mantener las manos cerradas, el bostezo o evitar la mirada al estímulo
4.- SOBREPROTEGER
Los límites son necesarios porque nos ayudan a sentirnos seguros, pero a veces nuestro afán de protección, nos puede llevar a frenar su desarrollo sin que relamente supongan un peligro para él.
Es buena idea:
- Fijar solo los límites necesarios para protegerle de peligros reales y suprimir aquellos que limiten su desarrollo o que solo obedezcan a responder a nuestras inquietudes, por ejemplo abrigarles en exceso porque nosotros somos frioleros-
- Preguntarnos más a menudo si “es un peligro real o imaginario”
5.- NO DEJARLES EN EL SUELO
A partir de los cuatro meses el espacio que más ventajas va a ofrecer para su desarrollo es, sin duda, el suelo. Un bebé que está siempre en una hamaquita, en una trona e incluso en un parque infantil, tiene limitados sus movimientos y dificilmente aprenderá a girarse, arrastrarse, gatear… todos ellos hitos motores que tienen una importantísima misión en el desarrollo cognitivo, sensorial y visual.
Es buena idea:
- Acompañar a los bebés mientras permanecen en el suelo encima de una mantita o tatamí para que acepten con mayor facilidad este espacio. En posición boca arriba antes de los cuatro meses y comenzando a ponerles boca abajo en pequeños ratitos a partir de esta edad
- Colocar juguetes en el suelo cerca de sus manos pero que tenga que moverse para alcanzarlos e ir variando juguetes y objetos a menudo para que sigan despertando su interés
- Desechar las excusas habituales, que no suelen ser muy reales (que el suelo esta sucio, posibilidad de que se “coman” alguna pelusa…) por las ventajas que va a aportarle estar en este espacio
6.- SENTARLE ANTES DE TIEMPO
Sabemos que aún son muchos los pediatras que recomiendan comenzar a sentar a los bebés antes de que lo hagan por sí mismos. Nuestra opinión profesional, compartida por neurólogos de prestigio (Jorge Ferré, entre ellos), es que la habilidad para mantenerse sentado requiere determinadas habilidades (fuerza muscular y control muscular del cuello, hombros, pecho, abdomen y espalda y sentido del equilibrio), que no han logrado aún si somos nosotros los que le sentamos. Además de que puede ser contraproducente para su columna, para el desarrollo de los hitos motores e incluso para su desarrollo de la visión y percepción del espacio
- Se sentará por sí mismo generalmente entre la etapa de arrastre y gateo.
- Esta posición será por tanto de “descanso” después del movimiento para manipular un juguete, observarnos, etc
- Colocarle sentado cuando aún no se sujeta solo, “ayudándole” con cojines o apoyándole en sus manos (porque no puede hacerlo por sí mismo) limita la utilización de éstas para manipular, explorar, probar… descubrir el mundo
- Sentarle antes de tiempo hace que en muchas ocasiones el bebé no se arrastre ni gatee sino que intente desplazarse mientras permanece sentado (lo que no facilita ningún tipo de coordinación entre los hemisferios cerebrales)
7.- FAVORECER UN LADO SOBRE OTRO (simetría)
La lateralidad se define en torno a los seis años, y aunque desde muy pequeños comencemos a vislumbrar cuál es la mano, el ojo, la pierna dominante, en esta etapa es importante favorecer el desarrollo de los dos lados del cuerpo por igual. Tenemos muchas estructuras dobles (dos ojos, dos manos, dos piernas, dos oídos…) que deben funcionar de forma coordinada. Y para ello es imprescindible que en esta etapa consigan el mismo grado de activación.
- Estimula por igual los dos lados de su cuerpo, ofrécele juguetes y objetos a un lado, a otro y en el eje central de su cuerpo
- En actividades rutinarias como darle el biberón, cambiarle… activa sus dos lados. Alterna las tomas, masajea los dos lados de su cuerpo, etc. para que reciba información sensorial por ambos lados
8.- PONERLES ZAPATOS ANTES DE QUE ANDEN
Sí, hay zapatos muy bonitos, tan pequeños… pero… no son beneficiosos para el desarrollo ni los necesitan en este momento. Siempre que podamos los niños tienen que estar descalzos, sin zapatos ni calcetines, porque:
- Facilita el autoconocimiento de sus pies y su integración en el esquema corporal (los cogen, se los llevan a la boca, los exploran…)
- Favorece la formación del arco plantar, importante para lograr andar bien, apoyando los pies correctamente
- Mejora su estabilidad, ya que los pies descalzos son más sensiblesa cómo están colocados
- Favorece la integración de los reflejos plantares y el inicio del arrastre, gateo… ya que el dedo gordo facilita el empuje del cuerpo hacia delante, y no puede hacerlo ni con calcetines ni con zapatos
9.- DEJARLES LLORAR PARA QUE NO SE MALCRIEN
Afortunadamente cada vez es menos común evitar coger a los niños o dejarles llorar para que no se malcrien. La ciencia en este sentido, y la neurología, también aportan ya sus explicaciones científicas. Para un buen desarrollo el niño necesita sentirse querido y seguro, de no ser así no solo su desarrollo emocional se ve comprometido, sino también su desarrollo cognitivo. Esto no significa que debamos evitar que lloren en cualquier ocasión, ya que el llanto es el lenguaje del bebé, con el que nos manifiesta sus necesidades y emociones. Se trata de evitar que lloren hasta cansarse, en exceso, sin ser atendidos.
- Al llorar de forma persistente el bebé comienza a generar una hormona, el cortisol, la llamada hormona del estrés, que aún no puede gestionar para liberarla y que juega un importante papel para el sistema inmunológico
- Su frecuencia cardiaca y su presión sanguínea aumenta considerablemente, disminuyendo la oxigenación de la sangre que llega al cerebro
10.- TENER SIEMPRE LA RADIO, LA TELE PUESTA…
Es una tentación muy común, cuando nos encontramos en casa con el bebé, hacernos compañía teniendo la radio o la tele puesta incluso aunque no le prestemos atención. Es más, puede ser que incluso creamos que de esta forma el pequeño está recibiendo una estimulación lingüística positiva mientras nosotros nos dedicamos a otras cosas. La realidad es que utilizar en exceso esos sonidos de fondo es una forma de “contaminación acústica” para el bebé. Como nos sucede a los adultos cuando escuchamos un sonido no reconocible durante mucho tiempo y de repente finaliza y nos damos cuenta de que nos resultaba muy molesto.
Pero además, y aún más importante:
- El hecho de tener la radio o la tele puesta hace que no nos dirijamos verbalmente al bebé con la misma frecuencia que si el ambiente estuviera en silencio
- Es decir, limita nuestro lenguaje verbal, hace que hablemos menos. Con lo cuál privamos al niño de los estímulos linguisticos que requiere y que son imprescindibles para el desarrollo del lenguaje
- Y limita el lenguaje expresivo del bebé, ya que un ambiente ruidoso dificulta la experimentación de sus propios sonidos. Además de limitar la respuesta a nuestro lenguaje que el bebé podría darnos, ya que aunque no hablen son capaces de balbucear en respuesta a nuestras emisiones
Ana Muñoz
Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

