Con los 7 sentidos: 5 conocidos + 2 ocultos

Desde pequeños nos han contado que tenemos cinco sentidos, pero, sí, “hemos sido engañados”.

No solo no tenemos cinco,  sino que tenemos muchos más. Para algunos autores más de veinte, para otros doce, pero realmente al menos debemos tener presentes siete.

Porque esos dos sentidos “desconocidos”, a veces llamados ocultos (porque no tienen órganos que se ven exteriormente como los que ya conocemos), tienen una relevancia importantísima en el desarrollo.

Nuestro cerebro recibe casi ¡¡un billón de unidades de información por segundo!!, y gran parte de ella la va a procesar de forma que no tengamos que ser conscientes  de que la tiene. Pero nuestro cerebro está informado permanentemente de todos los datos que necesita para regular tanto las funciones propias del organismo (niveles de oxígeno, presión arterial, azúcar…) como aquella relacionada con el entorno que facilitan los sentidos relacionadas con la visión, el gusto, tacto, audición, gusto…

Pero también va a recibir información muy útil relacionada con nuestro cuerpo y que va a facilitar que realicemos movimientos coordinados que respondan a lo que necesitamos en cada momento. Y esta información imprescindible la proporcionan los llamados “sentidos ocultos”.

Los sentidos del movimiento: los sentidos ocultos

Estos dos sentidos ocultos, y que tienen una gran relación con el movimiento, aunque son sensoriales, son el sentido vestibular y el sentido propioceptivo, que ofrecen una información y cumplen un papel imprescindible para que podamos coordinar nuestro cuerpo con nuestros ojos, para que podamos sentir cómo está colocado… e incluso para poder andar en una dirección mientras miramos en otra. De hecho su importancia es tal, que en el caso de los nervios vestibulares, son los primeros en desarrollarse, antes incluso que los sentidos más “precoces” como el tacto y el olfato.

• El sentido del equilibrio: vestibular

¿sabías que si a los niños hiperactivos se les invita a girar durante 30 segundos en ambas direcciones, estimulando así su sistema vestibular, su tiempo de atención aumenta después del ejercicio en casi 30 minutos? (Sally Goddard, "Reflejos, aprendizaje y comportamiento“)

El sentido vestibular nos ayuda a mantenernos erguidos y en equilibrio. Nos informa de los movimientos y posturas que debemos adoptar en cada momento para luchar contra la fuerza de la gravedad y no caernos. Sin él no podríamos movernos libremente y sin miedo en el espacio que nos rodea.

Nos permite situar nuestro cuerpo en el espacio, saber si nos movemos o es el entorno el que se mueve, la dirección de desplazamiento de nuestro cuerpo, su velocidad… regulando nuestra postura para poder mantenernos erguidos, ajustando nuestro equilibrio, tono muscular y permitiendo la orientación espacial.

Posibilita la coordinación de los dos lados del cuerpo, de los movimientos de los ojos y la cabeza, para que ambos puedan ser independientes…e incluso tiene relación con el desarrollo del lenguaje (algunos aspectos del lenguaje están relacionados con la manera en que este sistema procesa la información).

• Sintiéndose a uno mismo: el sentido propioceptivo

¿Recuerdas la sensación de cuando eras pequeño y al sacarte de la bañera te envolvían en la toalla como si fueras un saquito mientras te acariciaban con firmeza? Esa sensación, que muchos de nosotros compartimos, es propioceptiva.

El sentido propioceptivo es el responsable de informar al cerebro sobre el emplazamiento de las diferentes partes de nuestro cuerpo y lo que están haciendo, de forma que pueda corregir posturas prácticamente de forma automática.

Por ejemplo nos ayuda a estar sentados de forma correcta, a utilizar una presión correcta al sostener un lápiz o escribir, al abrir una puerta… a no tener que comprobar cómo está colocado nuestro cuerpo para cambiar de postura, etc.

Nos ofrece información de nuestras articulaciones y músculos para que podamos regular movimientos de precisión y la fuerza que utilizamos en cada acto que realizamos. Sin él no podríamos utilizar ningún utensilio, o seriamos poco eficaces al hacerlo. De hecho cuando nuestro sentido propioceptivo está funcionando correctamente, realizamos ajustes automáticos de nuestra posición para realizar cualquiera de nuestros movimientos.

Pero ¿qué pasa cuando no funcionan bien?

Diferentes estudios han puesto de manifiesto que más de la mitad de los niños con desordenes de aprendizaje muestran signos de disfunción vestibular o propioceptiva, o ambas, aunque muchas veces estos se encuentren encubiertos o se confundan con otros síntomas.

Disfunción del sentido vestibular:

  • Tono muscular disminuido
  • Deficiencias en el equilibrio
  • Dificultades en el registro de la información visual
  • Pobre integración bilateral, entre otros

Disfunción del sentido propioceptivo:

  • Torpeza motriz
  • Dificultad para mantener cabeza y cuerpo erguidos
  • Realizar actividades coordinadas con las dos manos
  • También se observa falta de concentración, por inquietud postural, rigidez de tronco y ausencia de noción de peligro

¿Cómo podemos favorecerlos?

ESTIMULACIÓN VESTIBULAR

  • Juegos de giros y vueltas, con juguetes, columpios, caballitos, sillas…  Movimientos simétricos, juegos de equilibrio y desequilibrio, balanceos, circuitos psicomotrices, andar por encima de una cuerda, sobre superficies estrechas, escalar, la rayuela, saltar a la pata coja, dar vueltas, etc.

ESTIMULACIÓN PROPIOCEPTIVA

  • Masajes, caricias, pizquitas, rotaciones (como si escurriéramos ropa mojada)… siguiendo el patrón céfalo – caudal y próximo – distal
  • Envolver y abrazar con una manta, con mayor y menor presión
  • Estimular las plantas de los pies con plumas, cepillitos
  • Estar descalzos, pisar arena, hierba, etc.
  • Utilizar recipientes con agua a diferentes temperaturas (templado, más fresquito…) para que puedan introducir brazos y pies.
  • Comprensión en las articulaciones (muñecas, tobillos)
  • Jugar al “sándwich” con dos almohadas, con sus compañeros (tres niños)
  • Sentarse sobre cojines inflables de distinta dureza, sobre flotadores, pelotas…
  • Jugar a vestirse y desvestirse con distintos tipos de prendas y texturas
  • Empujar sillas y otros objetos, juguetes de arrastre…

La estimulación vestibular y propioceptiva debe incluirse en cualquier programa de estimulación, ya que facilita la activación de numerosas redes neuronales que están involucradas en el resto de los sistemas perceptivos.

Además debemos tener en cuenta, que una deficiencia es sus funciones puede conllevar también dificultades emocionales que acaben afectando a su autoestima (niños que se consideran torpes, que chocan con todo, que no pueden estarse quietos…).

También debemos tener presente que los niños con dificultades en estos sentidos ocultos tienen problemas para integrar correctamente la información sensorial que reciben del entorno. Por ello pueden sentirse abrumados ante estímulos habituales, o todo lo contrario, tener respuestas escasas, porque esta estimulación no les llega con la suficiente claridad para que puedan interpretarla.  

Afortunadamente la vida diaria les brinda múltiples oportunidades de desarrollar ambos de forma natural, siempre que facilitemos el movimiento y el contacto.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

https://neuropedagogiainfantil.com/

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