¿Cómo es tu lenguaje? El lenguaje docente

No sólo hablamos con nuestro lenguaje verbal, también con nuestra expresión gestual, con el movimiento de nuestro cuerpo... ¿Eres consciente de cómo lo haces?

El lenguaje del profesor es uno de los recursos más poderosos de los que disponemos, y no solo nos referimos al lenguaje verbal, también al gestual. Nuestra expresión facial, nuestra mirada, nuestra forma de gesticular, de tocar, de acercarnos o de mantener distancia está muy vinculada a la emoción, que como ya sabemos, es imprescindible para el aprendizaje. Los niños son verdaderos expertos en comunicación no verbal, se mimetizan con los estados emocionales de los adultos (neuronas espejo), pero es que además en el desarrollo esta conducta no verbal precede a la verbal, y cuando hay incongruencias entre una y otra, consideramos más creíble la gestual.

Es difícil engañar con nuestros gestos, ya que hay algunos de ellos, como las expresiones faciales, la mirada… que son muy difíciles de controlar de forma intencional. En concreto la mirada es un potente comunicador. Nos indica si el mensaje e incluso la persona que lo trasmite, nos interesa, completa lo que estamos escuchando, nos permite expresar estados de ánimo (mirada alegre, triste…). Siendo quizá la forma más sutil de lenguaje corporal. Igualmente la risa y la sonrisa van asociados a nuestra parte más social, y ambas son claramente distintas de las forzadas, en las que los ojos no participan o en las que no se muestran los dientes.

También nuestra postura y nuestros gestos pueden indicar interés y rechazo. Unos brazos y piernas abiertos implican aceptación mientras que cerrados es posible que indiquen rechazo, miedo (protección) o inseguridad. La orientación de nuestro cuerpo hacia otras personas, por ejemplo al estar sentados, indica aceptación… en definitiva, el movimiento de nuestro cuerpo al hablar puede ser un importante reforzador del contenido pero un movimiento excesivo o incongruente puede transmitir nerviosismo, inseguridad o generar dudas si el movimiento de nuestras manos, brazos o cabeza no se ajustan a lo que estamos diciendo. 

Nuestros movimientos corporales indican nuestro estado de ánimo, pero también forman parte de nuestra personalidad y en algunos casos son fácilmente reconocibles por las personas que nos conocen.

Para algunos autores el lenguaje corporal es la manifestación exterior de la conexión entre nuestro cerebro límbico y nuestro cerebro emocional

¿Qué debe transmitir nuestro lenguaje?

  • Nuestro lenguaje verbal y corporal debe transmitir respeto y confianza en el niño, favoreciendo la expresión de sus opiniones y de sus temores, para que no tenga miedo a cometer errores, fomentando la seguridad en sí mismo y animando a los niños a que asuman progresivamente pequeñas responsabilidades.
  • Debemos favorecer la comunicación afectiva también con nuestro cuerpo, transmitiendo cercanía y utilizando un diálogo afectivo, cooperativo, que recoja propuestas y críticas buscando la cooperación y el encuentro.
  • También debemos propiciar la comunicación entre los niños, verbal o corporal en función de la etapa, fomentando que se comuniquen, intercambien ideas, actuaciones, sentimientos…
  • Nuestro lenguaje debe evitar los prejuicios y estereotipos sociales contrarios a nuestra sociedad democrática y a nuestra educación inclusiva. Si nuestra conducta es coherente a estos valores, nuestro lenguaje verbal y corporal también debe serlo.
  • Transmitir interés por el aprendizaje, por las iniciativas de los niños, reforzando su motivación hacia lo que están aprendiendo y animándoles a volver a intentarlo cuando no consiguen el resultado esperado.

¿Cómo podemos hacerlo? (Frontela, 2013)

  • Utilizando eficazmente nuestra voz, ya que el tono de voz también guía la respuesta del niño. (Un tono de voz firme lleva a la acción, uno relajado a la reflexión)
  • Hablando despacio, con calma, afecto y utilizando la mirada.
  • El contacto visual es imprescindible para dar sentido a nuestras palabras, colocarnos a la altura de los ojos de los niños, agachándonos, les hace sentir que son importantes y que tienen toda nuestra atención, igualmente es importante saber interpretar la mirada de los alumnos.
  • Dando pocas órdenes o consignas, ya que de lo contrario pueden perderse y dudar sobre lo que tienen que hacer.
  • Estas consignas deben ser claras y relacionadas para evitar confusiones, además debemos razonarlas para que los niños entiendan el motivo de ellas y facilitar así también su cumplimiento.
  • Incluyendo  en nuestro lenguaje dar opciones, ya que facilita el ensayo de la toma de decisiones, que es una función ejecutiva.
  • Utilizando el lenguaje para redirigir actuaciones más que para criticar las que están realizando. Es más efectivo y no afectamos la autoestima de los niños.
  • Acompañando el lenguaje de movimiento, evitar mostrarnos estáticos, dependiendo del contenido podremos adoptar diferentes posturas o ubicaciones.
  • Usando  todo tipo de lenguajes para favorecer la expresión de los niños: la expresión plástica, musical, artística…
  • Utilizando los silencios, el silencio ayuda a los niños a interiorizar y reflexionar sobre lo que estamos trabajando
  • Ayudándoles a respetar los turnos de palabra, para que tengan en cuenta y escuchen las opiniones de los demás.
  • Utilizando el lenguaje para que los niños cuenten lo que están haciendo, lo que van a hacer… de forma que fomentemos el pensamiento y la reflexión sobre sus actividades, frenando la impulsividad.
  • Utilizar también el lenguaje para que los niños hagan predicciones, den explicaciones, relacionen lo que han vivido con lo que están aprendiendo,
  • Realizando las preguntas con criterio, preguntar es una forma de evaluar, por eso os recomendamos no abusar de ellas. Esto es especialmente importante con los menores de tres años, que por su edad, deben activar las áreas cerebrales de entrada de información y al hacer preguntas activamos áreas de salida.
  • También es eficaz darles tiempo suficiente para que respondan cuando les hacemos una pregunta, sin que se sientan presionados a responder rápidamente sin reflexionar (impulsividad propia de la edad).
  • Recurriendo a la broma, a la diversión, para motivar los aprendizajes en las ocasiones en las que sea conveniente. El sentido del humor es útil para afrontar muchas situaciones, para quitar importancia a los errores, equivocaciones… para asumirlas con naturalidad y sin afectación de la autoestima de los niños.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

https://neuropedagogiainfantil.com/

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