Neuropedagogía Infantil

Queridos juguetes:

Una ayudita para los Reyes Magos

Porque los juguetes no siempre son imprescindibles para jugar. A veces el sonido del papel de regalo es más divertido que lo que esconde dentro, y el juguete más aburrido se convierte en el preferido del niño si le acompañamos mientras juega o si con él logramos jugar todos juntos. ¿Qué podemos recomendarles a nuestros Reyes Magos para que elijan el mejor juguete?

Que el niño, su juego, y no el juguete, sean los protagonistas

Y además...

  • Debe ser seguro, resistente y cumplir con la normativa que garantiza que sus piezas, componentes y posibilidades de juego son acordes a la edad del niño.
  • Piezas grandes para manos pequeñas.- cuanto más pequeñas son las manos de los niños más grandes deben ser las piezas de los juguetes para garantizar su seguridad.
  • Sin excesos.- el exceso de juguetes hace que los niños pierdan interés por todos ellos, incluso por los que le gustan, disminuyendo también su capacidad de atención, pudiendo producir una indeseable sobreestimulación,
  • Adaptado a su edad y personalidad.- para que despierte su interés y nos aseguremos de que no produce frustración por ser demasiado complejo, o que no se aburre por ser demasiado sencillo. Observar el juego de los más pequeños nos ofrecerá muchas pistas sobre cuál es el más adecuado para sus gustos, personalidad y preferencias individuales.
  • ¿Lo que se han pedido?-No siempre lo que ven en la televisión o en los catálogos de juguetes es lo que realmente quieren o lo que les va a gustar, produciéndose después inevitables decepciones. La selección de los padres es fundamental para proteger los gustos y posibilidades de juego de los niños.
  • Que le gusten y que nos gusten.– si elegimos un juguete que además de cumplir con lo que quiere el niño, gusta también a los padres, hermanos… estaremos más dispuestos a jugar con ellos. Y se acabará convirtiendo en su preferido.
  • Juguetes creativos y activos.- los juguetes deben permitir diferentes posibilidades de juego, favoreciendo la creatividad y el movimiento, aspectos imprescindibles en los primeros años. Los juguetes que realizan todo por sí mismos y dejan al niño en un segundo plano son los primeros que dejarán de interesarles al no suponer ningún reto al que deban responder. Cuanto menos estructurado sea el juguete, más creativo y más posibilidades de juego brinda.
  • Un juguete casero.- los niños no necesitan necesariamente que los juguetes sean caros, ni siquiera que sean comprados. Es una buena idea elaborar con ellos sus propios juguetes utilizando materiales de reciclaje, con objetos cotidianos… utilizando nuestra parte más creativa.
  • Un juguete para compartir.- Cuando la familia tiene varios hijos (mayores de dos años) es positivo regalar un juguete que puedan compartir para aprender a esperar, a respetar turnos, y a jugar juntos. Y aunque al principio pueda resultar complicado estaremos facilitando el aprendizaje de la regulación de sus emociones y el aprendizaje cooperativo.

Preguntas útiles antes de elegir un juguete.- ¿jugará con él a menudo? ¿le permite múltiples usos (montarlo, desmontarlo, transformarlo)? ¿estimulará su imaginación, creatividad?, ¿responde a sus preferencias de juego? ¿le imaginamos jugando con él? ¿Cuál era nuestro juguete favorito con su edad?

Un juguete para cada edad

  • De 0 a 3 meses: sonajeros de colores brillantes, pelotas blanditas con texturas, móviles para la cuna y el carro, muñecos con diferentes texturas y colores que contrasten (rojo, blanco, negro)
  • De 3 a 6 meses: gimnasios, alfombras de colores suaves con texturas, cuentos de tela, sonajeros de argolla, espejos irrompibles, tatamis para el juego en el suelo, muñecos blanditos que puedan chupar, cds de música suave para relajación
  • De 6 a 9 meses: juguetes con ruedas, juegos de arrastre, pelotas del tamaño de sus manos con diferentes pesos y texturas, muñecos grandes con texturas, cds de música infantil, cuentos de tela, juguetes para el baño…
  • De 9 a 12 meses: cuentos de tela y cartón con dibujos grandes que diferencien fondo y figura, cajas y cubos para apilar, teléfonos, juguetes que imiten sonidos de animales, juegos de apilar y encajar, cds de sonidos y música infantil, juguetes para el baño
  • De 12 a 20 meses: instrumentos musicales (tambores, xilófonos, campanitas…), juguetes para golpear (martillos, tambores…), juguetes para encajar, bloques para apilar, juguetes de arrastre, juguetes para empujar (correpasillos), animales de plástico con sonido, cds de música infantil, cuentos de tapa dura
  • A partir de los 20 meses y hasta los tres años: juguetes que faciliten la simbolización: cocinitas, muñecas, casas de muñecas, bebés, carritos, cunas, teléfonos, herramientas, animales… bolsos como el de mamá (con llaves, espejos irrompibles, teléfonos de juguete, peines…), coches, camiones, garajes, trenes, juguetes para pintar y modelar, arcillas, plastilina, pelotas, puzles sencillos, encajes, ensartes en eje fijo…y todo tipo de cuentos para que manipulen y para que les leamos
  • De los 3 a los 6 años.– juguetes que faciliten el movimiento como triciclos, pelotas, patines, patinetes, juegos simbólicos como granjas, tiendas, herramientas, muñecas, puzles, construcciones, rompecabezas, mecanos, títeres, cuentos…

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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Al suelo

Al suelo: el mejor consejo para el primer año

¿Sabías qué el desarrollo del bebé en un espacio como el suelo va a tener muchas ventajas para su maduración física y cognitiva?

Esta semana, en una de las formaciones que realizo habitualmente en los colegios para docentes de educación infantil, me preguntaban que si tuviera que elegir un único consejo para las familias para favorecer un buen desarrollo en el niño, cuál sería. Este artículo es la respuesta, si solo tuviera que elegir uno sería este: al suelo.

El espacio de juego y de actividad del bebe, desde los cuatro meses, siempre que está despierto debe ser el suelo.

Un buen desarrollo motor es un buen desarrollo cognitivo

Porque un buen desarrollo motor necesita de este espacio, y un buen desarrollo motor va a llevar al niño a un buen desarrollo cognitivo, ya que ambos en la primera infancia van indisolublemente unidos.

Los niños que pasan gran parte de su tiempo en el suelo tienen un mayor control de su cuerpo

Ventajas del desarrollo en el suelo

  • El niño aprende a controlar el instrumento más poderoso para relacionarse con el entorno: su propio cuerpo.
  • Se favorece la integración de todos los reflejos primitivos, cuya persistencia más allá del primer año puede provocar dificultades al pequeño no solo en los primeros años, también en etapas posteriores.
  • Se produce la integración de movimientos que enriquecen vías neurológicas que lograrán una mayor maduración cerebral
  • Se inician los hitos de desarrollo motor, sus primeros movimientos voluntarios que van a favorecer su desarrollo sensorial (especialmente relevantes para un buen desarrollo de la visión).
  • Favorecemos que el niño vaya alcanzando los diferentes movimientos para los que “está programado” sin saltarse ninguno. Algo que suele suceder en los pequeños que se sientan de forma prematura.
  • Se favorece su autonomía, logrando poco a poco ir acercándose a objetos y personas por sí mismo. Lo que también va a repercutir positivamente en su autoestima.
  • Apoya el desarrollo de su futura lateralidad, ya que en los movimientos que se iniciarán en el suelo, empezará a coordinar sus dos hemisferios cerebrales (como el gateo).
  • Comenzará a coordinar los movimientos de sus brazos y piernas, ayudándole a descubrirlos ya utilizarlos cada vez con más eficacia.
  • Favorece la coordinación motora fina, el movimiento más preciso de sus manos, pudiendo alcanzar y descubrir objetos por sí mismo.
  • Beneficia el control de todos los segmentos corporales, incluida la cabeza, que logrará a través del volteo.
  • Favorece el desarrollo del sistema propioceptivo, indispensable para sentir nuestro propio cuerpo, y por tanto ser más eficaces en nuestros movimientos y en nuestra relación con el entorno.
  • Es un espacio imprescindible para el desarrollo del sistema vestibular, indispensable para nuestro equilibrio y para situar nuestro cuerpo en el espacio.
  • Ayuda al niño a integrar las tres dimensiones del espacio e incluso la percepción de la profundidad.

En definitiva, el desarrollo en el suelo, favorece el desarrollo integrado no solo de todos los sistemas sensoriales y motores, sino también del resto de las áreas de desarrollo. Ya que un niño que adquiere una gran perfección en sus movimientos en un niño más seguro, más autónomo, más motivado y... más feliz.

Ana Muñoz

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Creciendo en autoestima

Creciendo en autoestima

La autoestima no se desarrolla "sola", también crece

La autoestima… algo tan importante para la vida adulta y que tenemos muy poco en cuenta cuando los niños son pequeños, creyendo que se desarrollará por sí misma (tal y como a veces pensamos que crecen los niños). En cambio, desde que el niño nace, ya está construyendo una visión de sí mismo que se va formando en función de lo que conoce acerca de su cuerpo, de sus capacidades, limitaciones… pero sobre todo de lo que su entorno cercano le devuelve sobre “lo que es”, “lo que hace”, e incluso acerca de cómo se siente. Por ejemplo si decimos “eres un llorón”, nos estamos refiriendo a un momento concreto, a una conducta concreta, pero no a lo que el niño ES). De la misma forma que cuando se porta mal no es un niño «malo».

Tampoco se desarrolla por reforzar al niño continuamente

Ayudarles a construir una sana autoestima tampoco es reforzar continuamente todo lo que el niño hace como si fuera perfecto, haciéndole creer en capacidades que seguramente no siempre tenga. Ni tampoco es buscar siempre su felicidad evitándole dificultades, ya que de esta forma le estamos impidiendo crecer y aprender a esforzarse. Igualmente nuestra creencia de que aún es pequeño y hay muchas cosas que no puede hacer hace que él mismo crea que no puede. Limitando el aprendizaje antes de haberlo iniciado.

  • Un buen autoconcepto en la etapa infantil tiene mucho que ver con la autonomía, con favorecer que el pequeño, en la medida de su maduración y capacidad, intente ir consiguiendo pequeños logros por sí mismo. Parece una obviedad, pero resulta francamente difícil no ayudarle a ponerse los zapatos, aunque quiera intentarlo “solito”, o acompañarla al bajar del tobogán porque anticipamos que podría caerse. Pero cuando el niño es capaz de ponerse solo los zapatos, bajarse del tobogán, comer solo, montar en bicicleta sin ruedines… no hay nada comparable con esa sonrisa de “soy capaz”.
  • También tiene que ver con equivocarse, ya que permitir que se equivoque es ayudarle a buscar alternativas a ese error y a lidiar con la frustración que a todos nos produce que las cosas no salgan siempre como nosotros queremos. Y este es un aprendizaje fundamental para la vida.
  • Y con aceptar que las cosas que todos hacemos tienen unas consecuencias que debemos asumir. Y acompañarles en ese proceso de reflexión,  e incluso favorecer que sean ellos mismos los que asocien la consecuencia a la actuación y decidan cómo se puede solucionar. Porque esto les ayudará a ser reflexivos, autónomos y responsables en el futuro.
  • Asignarles pequeñas responsabilidades ajustadas a su capacidad y darles la oportunidad de colaborar en el día a día de la familia también es una estupenda manera de hacerles sentirse valiosos.
  • Ayudarles a terminar las actividades que inician también es un aprendizaje útil para ellos desde que son pequeños, si sacamos un puzle lo hacemos, si pedimos un cuento esperamos a que finalice, etc. ya que de esta forma les estaremos enseñando el valor del compromiso y del esfuerzo.
  • Permitirles elegir, aunque sea sobre aspectos sencillos como el jersey que desean ponerse entre dos opciones que son factibles, o con otros ejemplos del día a día que no suponen alterar nuestro funcionamiento o darles un excesivo poder sobre el entorno (por ejemplo, no debemos dejarle elegir entre varios platos en el momento de la comida, especialmente si es un niño mal comedor). Fomentar esa capacidad de elección, de tomar decisiones, es importante para la construcción del “yo”
  • Respetar sus ideas y sus decisiones, aunque sean pequeños. Y  aunque eso no signifique que tengamos que  seguirlas, sino que vamos a escucharlas y a valorarlas, aunque no las compartamos.
  • La autoestima es muy dependiente de la visión de los demás en todas las edades, pero aún más en edades tempranas. Por ello es conveniente que,  cuando surgen  desencuentros con su grupo de iguales, amigos, compañeros… evitemos participar en ellas como adultos. Siendo más conveniente acompañarles en lo que sienten, escuchándoles y  ayudándoles a que ellos mismos encuentren su solución (“¿qué crees que puedes hacer para solucionarlo”). De esta forma les estaremos ayudando a ser más proactivos con otras dificultades en el futuro.

El papel de la familia y el docente en el desarrollo de la autoestima

La familia, y también los docentes, tenemos un papel fundamental en el desarrollo de la autoestima del niño. Y también implica una gran responsabilidad, ya que debemos ser buenos modelos para que los niños cuenten no solo con nuestra presencia , sino también con nuestras actuaciones coherentes a aquello que decimos ,e incluso a aquello que pensamos (y este es un reto no siempre fácil).

La autoestima sí es reconocer sus capacidades y celebrar con ellos sus progresos, pero de una forma ajustada, realista y sin caer tampoco en el error de pedirles más de lo que pueden hacer, siguiendo la falsa creencia que de esa forma se esforzarán más o lo harán mejor. Nadie se siente bien cuando es incapaz de hacer lo que se le pide, ya que cuando el reto es inalcanzable se convierte en una fuente de desmotivación y frustración.

Compartir con ellos nuestro tiempo, tener siempre una comunicación fluida y ofrecerles una imagen ajustada de ellos mismos, sin excesos ni limitaciones, será una de las mejores maneras de que no solo los niños logren la aceptación deseada de los demás, sino otra quizá más importante: la de ellos mismos.  

Bibliografía

Heinsen, M. (2012) Autoestima y tacto pedagógico en edad temprana. Orientaciones para educadores y familias. Madrid: Narcea.

BBVA Aprendemos juntos (31 de enero de 2018). Sobreproteger a los niños les hace más débiles emocionalmente. Mar Romera, maestra [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=Xu3E_NjPBos

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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Empezando con buen pie

Empezando con buen pie

¿Sabías qué los bebés necesitan estar descalzos ya que durante los primeros meses los bebés tienen más sensibilidad táctil en los pies que en las manos? ¿Sabías que para lograr el primer movimiento autónomo de los bebés que se inicia con el arrastre el papel de los pies es fundamental?

Los pies son, desde los primeros meses de vida, fundamentales para percibir los estímulos del medio, más aún que las manos en las primeras etapas. Gracias a ellos los pequeños comienzan a recibir información del entorno que les rodea, de sus partes del cuerpo, de sensaciones táctiles (áspero, suave, liso, rugoso, caliente, frío…)… e incluso de percibir cuál es su posición en el espacio mediante el movimiento continuo de los pies.

Este movimiento es observable desde el nacimiento y contribuye decisivamente en el paso de una etapa a otra en los hitos de desarrollo motor.

  • A partir de los cuatro meses, cuando comenzamos a colocar a los pequeños boca abajo los pies transmiten al cerebro información relevante sobre su posición experimentando con la diferente presión del suelo sobre sus dedos, planta, talones…
  • hacen un papel fundamental en el volteo y aún más en el arrastre y gateo, ya que son los dedos de los pies los que inducen al movimiento abriéndose en abanico y realizando el dedo gordo el impulso necesario para lograr el primer movimiento autónomo por parte del bebé.
  • Y como no, en el inicio de la locomoción, ya que son el soporte de la posición bípeda.

Muuuuucho mejor descalzos

Esta contribución de nuestros pies a los diferentes movimientos en las primeras etapas cuya gran trascendencia en desarrollo neurológico ya conocemos, es tan importante como para favorecer su desarrollo manteniéndolos descalzos.

Es muy frecuente que en torno a los siete, ocho meses los padres caigamos en la tentación de comprar a nuestros hijos sus primeros zapatos, deslumbrados por la cantidad de modelos, colores y diseños que hay en el mercado, buscando modelos que además sean anatómicos para facilitar el gateo o la locomoción.

Pero en realidad la utilización de zapatos cuando el niño aún no camina no favorece la consecución de este hito, sino que puede perjudicarle.

Y quizá esa sea la razón de que si les calzamos en estas primeras etapas nos encontremos con una “lucha” permanente para que los zapatos permanezcan en los pies de los pequeños.

A los niños su desarrollo evolutivo les pide estar descalzos

Ventajas de estar descalzos

Pero además de estos beneficios neurológicos, estar descalzos tiene innumerables ventajas físicas;

  • favorece la formación del arco plantar, que no termina de desarrollarse hasta los cuatro años (por eso los niños tienen los pies planos)
  • facilita la integración de reflejos que de permanecer activos dificultan el desarrollo posterior, como los reflejos de prensión plantar y Babinsky.
  • interviene de forma muy positiva en la coordinación de los ojos- manos- pies- boca cuando en torno a los siete meses comienzan a llevárselos a la boca, movimiento que requiere el trabajo coordinado de los dos hemisferios cerebrales.

Todas ellas buenas razones para evitar calzar a los niños hasta que no caminen (e incluso entonces estar descalzos en casa les seguirá reportando beneficios). ¡Ah! y no se constipan por los pies, ya que los pies de los más pequeños disponen de una capa de grasa que les protege del frío, de ahí su aspecto “regordete”.

Si queremos empezar con buen pie, dejemos que los niños pasen descalzos todo el tiempo que puedan, ya que con esta sencilla actuación estaremos facilitando la maduración del sistema nervioso.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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Tres años, tres cerebros

Tres años, tres cerebros

Cuando miramos por primera vez a nuestro bebé, con esas manitas, esos dedos, esos pies pequeñitos… dificilmente podemos pensar que debajo de esa cabecita tan perfecta se esconden 100.000 millones de neuronas preparadas para empezar a conectarse.

Y... tres cerebros

Tres cerebros heredados, dos de ellos muy antiguos, alguno de ellos se remonta a 220 millones de años, que la evolución ha ido manteniendo porque sus funciones aún siguen plenamente vigentes.

Paul Mac Lean, fue el creador de la teoría “el cerebro triuno” , que alcanzó una gran popularidad al facilitar la comprensión del funcionamiento cerebral, asignando diferentes funciones al encéfalo y atendiendo al orden de aparición en la escala evolutiva.

Un cerebro para el primer año del bebé

El primero de estos cerebros es el llamado reptiliano, que compartimos con los reptiles. El más primitivo y cuya misión fundamental es la supervivencia.

Es el cerebro impulsivo, que no piensa ni siente, sino que actúa. Es el primer filtro de la información que percibimos y responde con inmediatez evaluando si tiene que reaccionar con ataque o con huida. Es también el que regula funciones vitales como el sueño y el hambre, el que hace latir nuestro corazón, nos hace respirar…

El que nos haría correr si nos fueran a atropellar y el que  hace que nuestro bebé responda con un llanto desmedido para solicitar alimento. ¿Relevante entonces para un bebé, verdad?

Un cerebro emocional para el segundo

Nuestro segundo cerebro también es especialmente importante en los primeros años, en concreto a partir del primero: es el  cerebro límbico, que heredamos de los mamíferos.

Es el cerebro de la emoción, las sensaciones y la motivación. El que clasifica la información como placentera o desagradable. El que hace que nuestro hijo no quiera ni ver a la enfermera y el que hace que responda con una rabieta cuando no le compramos el juguete que le gusta.

Afortunadamente, en el mundo adulto, está permanentemente conectado con el cerebro más evolucionado permitiendo que ambos lleguen a un acuerdo y no nos dominen las emociones (o al menos no siempre).

Además recibe gran parte de la información que proporciona nuestro olfato, conectándolo con la emoción y la memoria. Por esta razón los olores nos producen emociones y… recuerdos.

Y, por si fuera poco, es importantísimo para el aprendizaje, ya que si una conducta provoca emociones positivas tenderemos a repetirla o a evitarla si nos produce dolor.

Y un cerebro "evolucionado" que empieza en el tercero

Y por último…  el cerebro racional, el que nos distingue de otros animales y también el más joven, ya que “solo” cuenta con unos 55 millones de años.

Es el cerebro que piensa, analiza, entiende, toma decisiones y que puede anticipar el futuro. El propio de nuestra especie.

Y el que empieza a tener más influencia en nuestro hijo a partir del tercer año de vida, cuando empieza a ejercer cierto control sobre sus necesidades y sus emociones y se irá desarrollando progresivamente

¿Por qué es importante para los padres saber que nuestro bebé tiene tres cerebros?

Porque cada etapa requiere una respuesta diferente para que sea más efectiva. El bebé recién nacido necesita la inmediatez de la respuesta ante su necesidad para no percibir el entorno como amenazante, el niño de dos años estará “dominado” por sus emociones y requerira una ayudita extra para aceptar los “no” y para controlar la respuesta a los “si”, y el niño de tres años ya comenzará a racionalizar algunas de sus conductas, mostrarnos el estupendo ser humano en el que se está convirtiendo.

Ana Muñoz

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Errores por amor

Errores por amor

¿Cuántos errores comentemos por amor?

Hace pocos días tuve la suerte de que, casi por azar, escuché hablar a Mar Romera sobre educación, familia, crianza y pandemia, y digo tuve la suerte porque siempre es un placer escuchar una voz sensata en este batiburrillo actual de lo que yo llamo “Pedagogía del buenismo”.

Esa Pedagogía que, con toda la buena intención, y en muchas ocasiones mal entendida, hace que la infancia se convierta en un “todo vale”. En una ausencia de límites, que lleva a niños inseguros, en un “no intervenir” que lleva a niños con dificultades, y en familias cuyo amoroso interés les lleva a leer todo lo que cae en sus manos.  Y a aplicar, sin reflexionar antes, el colecho, el BLW … iniciándose en estrategias o pedagogías con las que no obtienen lo que esperaban o se convierte en una fuente de conflicto. 

Porque ninguna pedagogía es buena cuando no coincide con nuestra forma de ser y de pensar como padres, porque… no lo haremos bien.

Mar dijo dentro de su discurso, lo que hoy da título a esta reflexión: errores por amor, dirigiéndose a aquellas cosas que hacemos las familias por amor a nuestros hijos pero que se convierten en errores porque acaban perjudicando a los niños, e incluso yo añadiría, y a ellos mismos.

Hoy, con permiso de Mar, por robarle la frase, quiero hablaros de esos errores por amor con un toque de humor. De esos tan frecuentes que observo a diario en las Escuelas, en los colegios, en los parques… y que los padres cometemos siempre con la mejor de las intenciones.

• Aplicar todo lo que es bueno sin reflexionarlo

Todas las tendencias pedagógicas tienen siempre algo bueno que ofrecernos, pero no siempre se ajustan a cómo somos, a nuestro tipo de familia, al tiempo que tenemos… antes de lanzarnos a realizarlas debemos preguntarnos: ¿esto es positivo para mi hijo? ¿Y para mí? ¿Lo voy a hacer con continuidad o lo voy a dejar cuando crea que no me funciona o cuando me dé cuenta de que me supone un esfuerzo adicional? ¿Tendré tiempo para hacerlo? ¿Creo realmente en ello?

Últimamente me encuentro con muchas consultas de familias relacionadas con la aplicación de todo tipo de metodologías y estrategias que en lugar de ser un apoyo para ellas y su día a día, se han convertido en una fuente de conflictos y dificultades. 

No se debe aplicar la metodología Pikler como está sucediendo en muchas escuelas y centros infantiles sin conocerla bien, tampoco se debe empezar BLW (Baby Led Weaning, método de alimentación complementaria autorregulada) si no me he informado con detalle de cómo se hace y de si tengo las condiciones necesarias para poder llevarla a cabo con éxito.

Pikler requiere conocimiento, BLW requiere que esa introducción de alimentos sólidos sea “complementaria” a la lactancia, el colecho requiere que ambos progenitores estén de acuerdo y sea un apoyo y no un problema… en definitiva, no nos dejemos influenciar por lo que hacen los demás, o por lo que consideramos bueno, y valoremos lo que vamos a hacer antes de volvernos locos y arrastrar en esa locura a nuestros niños.

Porque todo lo que hemos comentado (Pikler, BLW, colecho…) es positivo para el desarrollo infantil, pero hay que conocerlo y reflexionarlo antes de iniciarlo.

• Antes siempre es... peor

Es difícil no caer en este error por la sociedad competitiva en la que vivimos, pero este amoroso error, puede tener consecuencias negativas muy relevantes para nuestros hijos pequeños. El desarrollo de un niño sigue unos hitos, unos momentos especialmente relevantes que se cumplen en todas las culturas, en todos los países y en todos los niños del planeta (son universales), como por ejemplo los momentos en los que se arrastran, gatean, andan o hablan.

Convertir en una competición el paso por cada uno de ellos es privar a los niños de las ventajas que les da cada pequeño escalón de esa escalera de desarrollo que está viviendo y para los que viene preparado cognitivamente “de serie”. Un ejemplo habitual de ello es intentar adelantar la locomoción llevando a los niños de las manos cuando aún no andan. Su cuerpo aún no está preparado para ello, y limita el tiempo de la etapa “real” en la que realmente se encuentre el pequeño en ese momento y de la que va a obtener muchos beneficios físicos y cognitivos. Otro ejemplo frecuente es intentar adelantar el control de esfínteres cuando es un proceso madurativo y personalizado de cada niño, que no se va a adelantar por mucho que le siente en un orinal, con la mejor intención, meses antes de que esa maduración se haya producido.

Incluso sigue siendo demasiado frecuente escuchar a familias que piensan que el desarrollo motor de su hijo fue estupendo porque andaba con diez meses… siendo muy probable que esa locomoción tenga muchas carencias, porque se ha saltado muchos pasos, muchos escalones, para conseguirlo tan pronto.

En definitiva, generalmente antes es peor. Reconduzcamos esa prisa en que disfrute de cada etapa y nosotros con él.

• Cuando proteger es desproteger

Este es el error más fácil de entender, pero también por ello uno de los más peligrosos. Cualquier padre, madre, haría cualquier cosa por proteger a su hijo del peligro. Pero el error es cuando ese peligro no es tal, o cuando nos adelantamos a proteger sin dejarles primero probar, experimentar y confundirse para tener la oportunidad de salir victoriosos.

Muchos de nosotros recordamos esa primera vez cuando nuestros hijos en el parque subieron solos al tobogán y esperábamos abajo, casi cruzando los dedos, esperando el desenlace. Pues bien, hay que preguntarse si realmente están capacitados para probar lo que desean hacer, medir los riesgos, y, si la respuesta sea positiva, dejarles y confiar en ellos (se pueden cruzar los dedos dentro del pantalón para que nadie nos vea).

Proteger no es limitar lo que sí pueden hacer, y tampoco es quitarles piedras del camino, ni evitar que se lleven un mal rato. Porque todos los momentos brindan aprendizajes. Y salir victorioso de situaciones difíciles aumenta su autonomía y autoestima de una forma que no van a lograr si lo hacemos nosotros.

• Cuando los límites ayudan

Empieza a ser frecuente que se confunda la experimentación del niño, la actividad libre de la que obtiene muchos beneficios, con la ausencia de límites o con permitir que los niños hagan lo que deseen siempre que quieran.

Los límites son imprescindibles en la etapa infantil (también más adelante) ya que ofrecen seguridad a los pequeños. Les ayudan a evitar peligros y a saber lo que pueden hacer y lo que no, lo que es seguro y lo que no lo es. Y ese papel, y esas decisiones, nos corresponden a las familias. Nunca a los niños.

Mantener pocos límites pero firmes y consensuados entre los progenitores, que obtengan siempre una misma respuesta cuando se incumplen (y a ser posible relacionada con la falta), es necesario para el desarrollo del niño.

• Las rutinas estrictas

En el otro extremo encontramos aquellas familias que, conscientes de lo importante que es para los niños vivir en un entorno predecible, con rutinas marcadas y similares, las convierten en un horario inflexible que acaba dificultando la armonía familiar (no permitiéndose salir de esos horarios bajo ninguna circunstancia). No pasa nada por comer el fin de semana un poco más tarde y disfrutar un poco más del sol o de la compañía, no pasa nada por bañarle un poco más pronto/tarde de lo habitual cuando es un hecho puntual, no pasa nada si un día no podemos cumplir con la rutina de cuento y a dormir. Todas estas situaciones también ayudan a los niños a aprender que se puede permitir cierta flexibilidad sin que haya consecuencias negativas. De lo contrario podemos crear niños rígidos, que reclaman con insistencia que todo suceda de una forma predecible. Y eso no siempre puede ser y ni siquiera es positivo. El mundo está lleno de cambios, las rutinas son importantes porque aportan seguridad y equilibrio, pero hay veces que no podemos seguirlas a rajatabla y… no pasa nada.

• Cuidado con lo que refuerzas

No hay nada más importante para un niño que la atención del adulto. Y esto es así porque el cerebro está orientado a la supervivencia y, especialmente en esta etapa, esa supervivencia depende del adulto.

Por ello es importante que todo aquello que queramos evitar no lo nombremos delante del niño ni fijemos nuestra atención en ello por muy difícil que nos resulte. Un niño que ha mordido a un compañero (en la etapa de bebes y uno-dos años es muy frecuente, y es evolutivo y no mal intencionado) y que escucha a su profesora decírselo a sus padres, que sus padres se lo digan a la abuela, al conserje, a las vecinas… quizá tenga una buena razón para repetir esta conducta. Ha obtenido una gran atención.

Un niño mal comedor que nota la angustia de sus padres en el momento de la comida, o que sabe que evitando un plato conseguirá otro que le gusta más, volverá a repetirlo. Porque afortunadamente cuenta con un cerebro inteligente.

Tenemos la tendencia, padres y educadores, en fijarnos más en lo que es inoportuno o no conveniente, que en todas las cosas estupendas que aprenden y hacen a lo largo del día. Y estas últimas son muchas más susceptibles de contar con nuestra atención y refuerzo.

En definitiva, a lo largo de nuestro largo aprendizaje como padres y madres cometeremos muchos errores, y prácticamente todos ellos, serán por amor. No pasa nada por equivocarse, forma parte del aprendizaje, e incluso es muy positivo decirles a nuestros hijos que nos hemos equivocado. Pero quizá esta pequeña reflexión nos ayude a evitar algunos de ellos, y eso, tampoco nos viene mal.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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7 razones (de peso) para llevar a tu hij@ a una Escuela Infantil

Siete razones (de peso) para llevar a tu hij@ a una Escuela Infantil

Quizá en este momento estéis dudando sobre la conveniencia o no de llevar a vuestr@ hij@ a una Escuela Infantil o quizá tu pequeñ@ haya empezado esta nueva aventura este curso escolar y ese “famoso” periodo de adaptación este siendo más complicado de lo que esperabais y empecéis a tener dudas de si era el mejor momento, de si no debíais haber postergado esta incorporación a que fuera más mayor, más autónomo o estuviera emocionalmente más preparado.

Además, entendemos que la pandemia ha hecho que las familias se sientan más reticentes en llevar a sus hij@s a una Escuela Infantil por el miedo a los contagios, ya que sabemos que es muy frecuente que en ese primer año de incorporación a una Escuela Infantil, los niños sean más propensos a sufrir enfermedades propias de la infancia (aunque generalmente sean benignas) ya que sus defensas aún no se han puesto a prueba en entornos diferentes al familiar.

Pero hoy queremos poner en valor todo lo que la Escuela puede ofrecer a vuestr@s hij@s para que también estos argumentos formen parte de esa valoración que las familias hacemos cuando llega el momento. Y también estamos pensando en aquellas familias que necesitan llevar a sus pequeñ@s a un centro infantil para conciliar su vida familiar y laboral, y puedan sentirse inseguros por incorporarles siendo aún bebés.

Pues bien, con esta pequeña reflexión queremos que podáis anticipar todo lo positivo que les espera en la Escuela, y que sin duda sucederá en los próximos meses o está sucediendo ya en este momento, mientras leéis estas líneas, si vuestro hij@ asiste a un centro infantil.


• No (deberíamos) aprender contenidos, aprendemos habilidades básicas para la vida

En los primeros años no es relevante aprender contenidos, es relevante aprender habilidades, capacidades, que sirvan después de base para aprender los contenidos académicos de etapas posteriores. Nuestros niñ@s aprenden a conocer y controlar su cuerpo, a experimentar con sus sentidos, a compartir, a disfrutar de “no ser únicos”, a ceder, a intentar controlar sus deseos y sus impulsos (que no siempre es fácil, porque no es propio de esta etapa)… aprendizajes importantes ¿verdad?

• ¿Un sitio donde jugar o dónde aprender?

Parece que si nos divertimos no aprendemos. Pues bien, las neurociencias nos dicen exactamente lo contrario. Para aprender hay que divertirse, para enseñar hay que ser motivador, sorprendente, emocionante. Por eso es tan importante plantear juegos y actividades que les diviertan. Pero además tienen que estar adaptadas a la edad y necesidades de los niños en cada momento, sabiendo porque las hacemos y qué queremos conseguir con ellas. De esa forma nos aseguramos el aprendizaje, porque en las Escuelas sabemos mucho de lo que necesitan y les divierte en cada etapa.

• Favorecemos la autonomía, favorecemos la autoestima

En la Escuela sabemos que favoreciendo la autonomía de l@s niñ@s estamos favoreciendo también su autoestima. Porque cuando un pequeño puede hacer algo por sí mismo, sin depender del adulto, se siente capaz, orgulloso de lo que ha hecho y de lo que es capaz de hacer. Por eso evitamos hacer por ellos lo que l@s niñ@s saben hacer por sí mismos (no siempre es fácil, la tentación de ayudarles es muy potente…) y por eso les ofrecemos retos adecuados a su capacidad, y además pueden probar, equivocarse, volver a probar… porque en eso consiste aprender.

Y también porque nuestras aulas son espacios de autonomía, donde todo está pensado para que puedan acceder a lo que necesitan sin depender del adulto: los juguetes, los lavabos, los baños, e incluso el agua, para que puedan beber siempre que lo necesiten, porque el agua es muy importante para un buen funcionamiento cerebral.

• ¿Aprendemos a ser más sociables en la Escuela Infantil?

Es muy frecuente que la sociabilidad de vuestr@s hij@s sea una de las razones que os han decidido a escolarizar a vuestr@ pequeñ@. Pero sorprendentemente estos tres primeros años no es una etapa “social entre iguales” tal y como la concebimos los adultos. Ya que realmente los niños comienzan a compartir juegos tal y como nosotros lo entendemos, casi al final de esta etapa. Hasta entonces desarrollan un juego en “paralelo”. Es decir, están jugando cerca de otros, observando lo que hacen, pero no desarrollando un juego juntos como tal.

No obstante sí es una etapa para favorecer aprendizajes sociales y emocionales, y sí, esta es una de las grandes ventajas de la escolarización. Conocer a otros, formar parte de un grupo, integrar sus normas y sus límites, les ayudan a estar en un entorno más seguro y predecible, y también a empezar a superar sus primeras frustraciones, que también es un aprendizaje necesario para el futuro. Porque en la Escuela no todo puede ser para mí, ni siempre de forma inmediata, y estos aprendizajes son los que realmente fundamentan el inicio de la sociabilidad.

• En la Escuela comen mejor, se portan mejor...

Esta es una frase que escuchamos todos los años en las Escuelas en muchos momentos. Y en muchas ocasiones es acertada, pero no, no hacemos magia. Es frecuente que malos comedores coman mejor en la Escuela o coman alimentos que en casa no prueban. La razón es que en la Escuela la comida es un momento social, en el que disfrutan con sus compañer@s y en el que todos cuentan con la autonomía que necesitan y tienen como modelo a su propio grupo de iguales. Y también porque para los profesionales de educación infantil este momento es igual de importante y tranquilo que cualquier otro,  sin anticipar lo que van a comer o no, sin que ellos noten la tensión que para las familias, lógicamente, supone que su hijo no coma.

Y en cuanto a portarse mejor… la realidad es que los adultos también damos nuestra mejor versión en nuestros respectivos trabajos, ¿verdad?

• La Escuela favorece el desarrollo del lenguaje

Porque hablamos, escuchamos, contamos cuentos, realizamos juegos de soplo, tenemos en cuenta los hitos prelingüísticos, cuentan con modelos constantes de lenguaje, y sienten una mayor necesidad de comunicarse.

Y porque exploramos todo tipo de lenguajes, también los artísticos, musicales, etc. de esta forma fomentamos su creatividad sin importar el resultado y disfrutando del proceso.

• Acompañamos y favorecemos su desarrollo

Y esta es la parte más importante para elegir escolarizar a un niñ@, poder aprovechar la cualificación profesional de sus docentes. Porque los profesionales sabemos qué deben hacer en cada etapa, cómo fomentarlo y qué evitar, porque realizamos evaluaciones de desarrollo para saber de qué punto partimos con cada niño, y un seguimiento para poder ayudarles cuando la evolución se frena, sin compararlo con otro, siguiendo su propio ritmo. Porque planteamos las actividades adecuadas a lo que deseamos conseguir programándolas, ideándolas, buscando los mejores materiales y recursos, sin dejar nada al azar.

Porque esta es la etapa más relevante en el desarrollo de cualquier persona, porque en ella se están creando los cimientos que deben sostener el resto de sus aprendizajes futuros y contar con el seguimiento de profesionales de la etapa es una buena idea.

 

Y por último, porque escolarizarles también es una forma de descubrir que hay muchos más entornos, además del familiar, donde son importantes y dónde se sienten queridos.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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Diez actuaciones a evitar durante el primer año

Diez errores a evitar durante el primer año

Convertirse en padres es una experiencia única e inimaginable hasta que no comienza, pero afortunada o desafortunadamente nuestros bebes no vienen con un libro de instrucciones para saber hacer lo “correcto”. Y aunque tenemos que perder el miedo a equivocarnos, porque afortunadamente (en este caso sí) ya venimos cognitivamente preparados para tener un desarrollo adecuado, en ocasiones nuestras actuaciones, con toda nuestra buena intención, en vez de ir a favor juegan en contra.

Para evitarlo os mostramos un decálogo de los errores más comunes que debemos evitar para facilitar el desarrollo físico y cognitivo del bebé durante este importantísimo primer año.

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¿Qué aporta la Neuropedagogia al desarrollo infantil?

¿Que aporta la Neuropedagogía al desarrollo infantil?

En los últimos años hemos comenzado a incluir en nuestro vocabulario, también los maestros, diferentes palabras que coinciden en la utilización del prefijo “neuro”, neurodesarrollo, neurociencias, neuropedagogía… todos ellos influenciados por el auge en las últimas décadas de estudios e investigaciones sobre el desarrollo cerebral y de su relevancia en el proceso educativo.

La neuropedagogía surge como la unión de tres disciplinas: las neurociencias, responsables del mayor conocimiento actual de las estructuras y funciones cerebrales, la psicología, que apoya ese conocimiento incorporando el desarrollo y formación de la conducta y los procesos mentales, y la pedagogía, que se ocupa del aprendizaje y de cuáles son las metodologías más adecuadas para lograrlo.

¿Qué invento es ese de la Neuropegagogía?

La Neuropedagogia, también conocida como neurodidáctica, neuroeducación…  surge de las aportaciones de esas tres disciplinas. Y su objetivo es favorecer los procesos de enseñanza y aprendizaje partiendo del conocimiento de cómo aprende nuestro cerebro, el órgano responsable de quiénes somos y, como no, de cómo aprendemos.

Y aunque a veces esta terminología científica aplicada a la educación pueda intimidarnos, ya que puede parecer que resta ese componente afectivo y emocional que sabemos es absolutamente imprescindible para el desarrollo y el aprendizaje del niño, la realidad es que la neuropedagogia lo refuerza. El cerebro necesita afecto para aprender, al igual que necesita ambientes enriquecidos y estructurados y docentes sensibles que acompañen ese proceso con formación, creatividad y grandes dosis de emoción e ilusión.

Aprendiendo desde el principio

El desarrollo cognitivo se inicia desde el nacimiento, e incluso para algunos autores e investigadores, desde la etapa prenatal. Y no debe sorprendernos que los primeros años sean los más importantes, ya que en ellos se están construyendo los cimientos de las habilidades y conductas que necesitaremos en las siguientes etapas como el razonamiento, la planificación, la regulación, la flexibilidad cognitiva, etc.

En la etapa infantil se producen el mayor número de conexiones sinápticas  que realizaremos a lo largo de toda nuestra vida, ya que en estos primeros años nuestro cerebro comienza a crear enlaces (sinapsis), a desarrollar y poner en marcha ese software que viene “preinstalado” pero que comienza a activarse a través del cuidado y afecto de las figuras de referencia del niño y de un entorno enriquecido y afectuoso que brinde a los niños, en cada momento, lo que necesitan.

 

 

La Neuropedagogía nos ayuda en el aula

Cada vez hay más centros educativos y profesionales que apuestan por las metodologías activas, vivenciales, que contribuyan a que nuestros alumnos aprendan de una forma más eficaz y efectiva, que les haga felices mientras lo hacen, y que contribuya a formar personas autónomas, críticas, creativas y flexibles.

Y conocer cómo se produce ese desarrollo cognitivo, qué lo favorece, qué es mejor evitar, y en definitiva, saber qué emociona al cerebro infantil, es uno de los retos más apasionantes de la neuropedagogía y también comienza a ser el reto de muchos centros educativos y docentes.

Ya que, como dice Leslie Hart, pionera en esta nueva disciplina:

Y necesitamos conocer cómo aprende para poder llevar a cabo aprendizajes realmente significativos, que se mantengan en el tiempo y que hagan real la personalización que queremos en el aula, respetando la individualidad y el desarrollo del niño, y contando con la emoción y la motivación como elemento imprescindible.

Porque el cerebro del niño es fundamentalmente emocional, y por ello todo lo que aprendemos cuando nos sentimos felices y emocionados se fija de una forma más profunda, aumentando la calidad del proceso de enseñanza- aprendizaje y sobre todo, despertando en el pequeño el deseo de aprender, explorar y descubrir el mundo que le rodea.

En este espacio os iremos contando algunas de las claves, basadas en la neuropedagogía, que esperamos que os resulten útiles tanto a los profesionales como a las familias, para favorecer el desarrollo del niñ@ desde todos los ámbitos. Bienvenidos a una nueva educación, más respetuosa y más significativa.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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Sobrevivir a las rabietas

Sobrevivir a las rabietas

En muchas ocasiones las familias de nuestros alumnos de infantil nos preguntan cómo puede ser que sus hijos, esos pequeños que se mostraban siempre deseosos de complacer, de ayudar, a los que podían poner cualquier ropa sin peleas en casa, se vayan negando sistemáticamente a cumplir con esas pequeñas cosas que les piden, haciendo que uno se cuestione como padre, madre, qué es lo que está haciendo mal.

La respuesta, que creo que puede aliviarnos, es que no se trata de nuestra actuación como padres, ni como educadores, sino que se encuentra en cómo está configurado su cerebro en estos primeros años y en su necesidad de diferenciarse de nosotros, conformando poco a poco, su propia identidad. 

La maduración del sistema nervioso es la responsable de que los niños hasta los seis años tengan mayores dificultades que los adultos para inhibir conductas y frenar esos impulsos que sienten, y que les hacen dirigirse con una firmeza a sus objetivos que ya desearíamos nosotros para los nuestros.

El sistema límbico, un conjunto de estructuras de nuestro cerebro que guardan una estrecha relación con la memoria, con las respuestas emocionales, con nuestra supervivencia, e incluso con nuestro sistema endocrino, es el responsable de mediatizar con la emoción todas nuestras respuestas y cada uno de los aprendizajes que realizamos.

Y en el caso de nuestros niños, ese sistema es la parte más madura y activa de su cerebro en estas primeras edades, ya que aún no se ha desarrollado lo suficiente el córtex cerebral que le permitirá frenar esos impulsos y anticipar las consecuencias de las acciones que realizan.

Conocer esta información basada en la Neuropedagogía, nos ayuda a entender mejor sus respuestas, y a saber, o al menos a intentar, reconducirlas de una forma más acorde a cómo está funcionando su cerebro en cada momento y qué necesitan de nosotros.

Os contamos algunos de nuestros “trucos” que utilizamos en el aula, por si pueden ayudaros a ir superando esta etapa de negaciones y rabietas, que a pesar de que a veces puedan resultar complicadas, son necesarias para el desarrollo emocional, social y cerebral de los niños:

  • No aceptes el reto.- el deber del niño en esta etapa es comprobar los límites del adulto, tantearlos, y tratar de comprobar hasta qué punto puede modificar el entorno que le rodea intentando evitarlos. El de los padres es mantenerse firmes para darles seguridad en sus actuaciones, sin olvidarnos de acompañarles también en estos momentos con respeto y afecto.
  • Empatiza con su cerebro emocional.– en ocasiones cuando nos dirigimos al niño lo hacemos desde nuestro cerebro más evolucionado y racional, y al cerebro emocional no le gustan las imposiciones. Utilizando la palabra mágica “entiendo” los dos cerebros, el suyo y el nuestro, se encuentran en un campo más emocional y hablan un idioma más parecido. Por ejemplo: “entiendo que quieras quedarte en el parque, hoy nos tenemos que ir ya, pero mañana volveremos”, va a dar mejores resultados que “nos vamos, que hay que bañarse y cenar”.
  • Valida la emoción.- todas las emociones que sentimos tienen una finalidad, también el miedo, la ira… que pueden protegernos del peligro. Valida su emoción y acompáñale en el proceso de vuelta a la calma: “entiendo que te has enfadado porque querías el juguete de tu amigo, ¿qué te parece si mientras esperamos a que te lo deje jugamos nosotros con este?”. De esta forma estamos validando la emoción, aunque no siempre debamos hacerlo con la conducta que lo acompaña y le ofrecemos una alternativa para superar su frustración.
  • Elige los límites.- los límites deben protegerle pero no impedir su desarrollo, mejor que sean pocos y claros, a muchos e inconsistentes. Además es muy importante que estén consensuados entre ambos progenitores y que, en la medida de lo posible, saltárselos tenga siempre la misma consecuencia relacionada con la falta.
  • Consecuencias 1- Castigos 0. lo que hacemos, en cualquier etapa de nuestra vida tiene consecuencias, y es bueno que los niños también se vayan responsabilizando de sus acciones desde pequeños y de forma acorde a su edad y maduración. Por ejemplo, si no ha recogido sus juguetes la consecuencia (relacionada con la falta) es que no tendremos tiempo para ir al parque, pero habrá que decírselo como una consecuencia y no como un castigo. “No nos da tiempo hoy a ir al parque porque no has recogido los juguetes a tiempo”, en vez de “como no has recogido los juguetes estás castigado a no ir al parque”.
  • Distrae su atención.-dice el refrán que “a veces es mejor tener paz que tener razón”. La edad de nuestros pequeños hace que sea más fácil distraer su atención antes de que entren en “modo rabieta”, que esperar a que surja y se desborde. Cambia su foco de atención cuando anticipéis que la rabieta se va a producir, en muchas ocasiones os funcionará y, afortunadamente en estas edades es muy fácil encontrar algo que les llame la atención.
  • Da opciones.- al cerebro límbico le gusta poder elegir, en esta ocasión el truco está en darle a elegir entre dos cosas que igualmente tenemos que hacer. Por ejemplo: ¿qué prefieres, recoger primero los juguetes o bañarte?
  • Fortalece lo positivo.- dile lo que debe hacer, en vez de lo que no debe hacer. Es más efectivo decir “si recoges tus juguetes podemos irnos ya al parque”, que “si no recoges tus juguetes no vamos al parque”. Y confía en sus posibilidades y en qué es capaz de ofrecernos su mejor versión, si creemos en ellos, ellos nos darán la respuesta que esperamos. Frases como “Sabía que eras capaz de hacerlo, que orgullosa estoy de ti”, refuerzan su autoestima y su conducta positiva.
  • Evita el “pero”.- cuando hay un “pero” el mensaje cambia y deja de ser positivo. Por ejemplo: “lo has hecho bien, pero puedes hacerlo mejor”
  • Entrenarles en instrucciones positivas.- como “Soy capaz de esperar un poquito”, “puedo pedirlo sin enfadarme” (al principio seremos nosotros los que se las digamos: “eres capaz de esperar un poquito sin enfadarte”). De esta forma reforzaremos esas habilidades que deseamos reforzar.

Estos son algunas de las estrategias que utilizamos en el día a día del aula, esperamos que os sirvan y que tengáis en cuenta, en el momento más álgido de la rabieta, que los niños están respondiendo con el único cerebro maduro que tienen en este momento. Al fin de cuentas la confrontación es algo inherente a la condición humana y también forma parte de ese proceso de desarrollo que tenemos la suerte de compartir con ellos.

¡Disfrutad de sus cerebros límbicos, son pura emoción!

 

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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