Tres años, tres cerebros

Cuando miramos por primera vez a nuestro bebé, con esas manitas, esos dedos, esos pies pequeñitos… dificilmente podemos pensar que debajo de esa cabecita tan perfecta se esconden 100.000 millones de neuronas preparadas para empezar a conectarse.

Y... tres cerebros

Tres cerebros heredados, dos de ellos muy antiguos, alguno de ellos se remonta a 220 millones de años, que la evolución ha ido manteniendo porque sus funciones aún siguen plenamente vigentes.

Paul Mac Lean, fue el creador de la teoría “el cerebro triuno” , que alcanzó una gran popularidad al facilitar la comprensión del funcionamiento cerebral, asignando diferentes funciones al encéfalo y atendiendo al orden de aparición en la escala evolutiva.

Un cerebro para el primer año del bebé

El primero de estos cerebros es el llamado reptiliano, que compartimos con los reptiles. El más primitivo y cuya misión fundamental es la supervivencia.

Es el cerebro impulsivo, que no piensa ni siente, sino que actúa. Es el primer filtro de la información que percibimos y responde con inmediatez evaluando si tiene que reaccionar con ataque o con huida. Es también el que regula funciones vitales como el sueño y el hambre, el que hace latir nuestro corazón, nos hace respirar…

El que nos haría correr si nos fueran a atropellar y el que  hace que nuestro bebé responda con un llanto desmedido para solicitar alimento. ¿Relevante entonces para un bebé, verdad?

Un cerebro emocional para el segundo

Nuestro segundo cerebro también es especialmente importante en los primeros años, en concreto a partir del primero: es el  cerebro límbico, que heredamos de los mamíferos.

Es el cerebro de la emoción, las sensaciones y la motivación. El que clasifica la información como placentera o desagradable. El que hace que nuestro hijo no quiera ni ver a la enfermera y el que hace que responda con una rabieta cuando no le compramos el juguete que le gusta.

Afortunadamente, en el mundo adulto, está permanentemente conectado con el cerebro más evolucionado permitiendo que ambos lleguen a un acuerdo y no nos dominen las emociones (o al menos no siempre).

Además recibe gran parte de la información que proporciona nuestro olfato, conectándolo con la emoción y la memoria. Por esta razón los olores nos producen emociones y… recuerdos.

Y, por si fuera poco, es importantísimo para el aprendizaje, ya que si una conducta provoca emociones positivas tenderemos a repetirla o a evitarla si nos produce dolor.

Y un cerebro "evolucionado" que empieza en el tercero

Y por último…  el cerebro racional, el que nos distingue de otros animales y también el más joven, ya que “solo” cuenta con unos 55 millones de años.

Es el cerebro que piensa, analiza, entiende, toma decisiones y que puede anticipar el futuro. El propio de nuestra especie.

Y el que empieza a tener más influencia en nuestro hijo a partir del tercer año de vida, cuando empieza a ejercer cierto control sobre sus necesidades y sus emociones y se irá desarrollando progresivamente

¿Por qué es importante para los padres saber que nuestro bebé tiene tres cerebros?

Porque cada etapa requiere una respuesta diferente para que sea más efectiva. El bebé recién nacido necesita la inmediatez de la respuesta ante su necesidad para no percibir el entorno como amenazante, el niño de dos años estará “dominado” por sus emociones y requerira una ayudita extra para aceptar los “no” y para controlar la respuesta a los “si”, y el niño de tres años ya comenzará a racionalizar algunas de sus conductas, mostrarnos el estupendo ser humano en el que se está convirtiendo.

Ana Muñoz

Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

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