Erase una vez, el poder de los cuentos
En 1794 un niño tuvo que someterse a una operación para que le quitaran un tumor. En esa época no existía la anestesia, de forma que lo único que le pudieron ofrecer a ese niño para distraerle fue un relato. Cuando terminó la operación el niño dijo no haber sentido ninguna molestia, ya que había estado muy entretenido con el cuento. Dieciocho años más tarde este mismo niño entrego su primer cuento a un editor. Se llamaba Jacob Grimm y su cuento “Blancanieves”
¿Quién no recuerda uno de los cuentos que le contaban cuando era pequeño? ¿Quién no tiene un cuento favorito?
Ese cuento que, a las profes, les digo que lo conviertan en su cuento personal, ese que contar siempre a los niños en cualquier ocasión, ya que al repetirlo a menudo y al contar con la motivación que supone para el que lo cuenta, garantiza un éxito seguro y afianza las redes neuronales que se están desarrollando en nuestros pequeños alumnos o en nuestros hijos.
Los beneficios que suponen los cuentos para los niños van mucho más allá de las que todos conocemos relacionados con el desarrollo del lenguaje.
Y es que a través de ellos, los niños, y los adultos que los contamos, nos convertimos en otros, despertando en ambos, la imaginación, la creatividad, la escucha activa…
Y la activación de los dos hemisferios cerebrales, ya que no solo favorecen el desarrollo del lenguaje (hemisferio izquierdo) sino también contienen un ritmo, una entonación, una melodía… que desarrolla también el hemisferio derecho. Como dice Begoña Ibarrola, un referente en el estudio de los cuentos infantiles: “notas musicales que bailan sobre un papel”.
Los cuentos y las emociones
Entre los mayores beneficios que los cuentos van a aportar a los niños, se encuentra el conocimiento y el desarrollo de las emociones y la empatía. Porque no hay cuento que no despierte emociones, y como ya sabemos, las emociones influyen y mucho en el desarrollo de nuestra corteza cerebral, de nuestra razón.
Los cuentos permiten a los más pequeños experimentar con las emociones: pueden vivir la alegría del baile de la Cenicienta, la envidia de las hermanas, la tristeza del patito feo, la maldad de las madrastras… en un entorno seguro, en casa, con sus padres, sabiendo que lo que están sintiendo no puede alcanzarles.
E inician el desarrollo de la empatía, esa capacidad tan necesaria de ponernos en el lugar del otro, y en la que están tan implicadas nuestras neuronas espejo, y que se va a convertir en una habilidad fundamental para la vida.
El valor del "malo"
Nuestros queridos cuentos les permiten identificarse con el personaje que deseen, sea “bueno” o “malo”, porque… ¡hay que reivindicar el papel de los malos! Ya que sin ellos, entre otras razones, no podríamos identificarnos con los buenos.
Y ese proceso de identificación enriquece el desarrollo de su identidad, que está en plena construcción. Y también de su autoestima, no en vano, los cuentos fomentan el desarrollo de los valores morales, además de las tradiciones culturales tan importantes en cada sociedad.
Toma de decisiones y conflictos
Gracias a ellos los más pequeños se entrenan en el proceso de toma de decisiones, si les ayudamos realizando las preguntas adecuadas: “¿qué harías tú en su lugar?” “¿cómo podríamos solucionarlo?”.
De esta forma también creamos enlaces entre su mundo real e imaginario, e incluso con su mundo interior, ya que gracias a estar viviendo la ficción, pueden mostrarnos muchas de las cosas que sienten y de las que ni siquiera son conscientes.
Así damos espacio a esos “rincones oscuros” y a esos conflictos internos que pueden vivir, como los celos por un hermano (tan presentes en los cuentos tradicionales), o esos miedos infantiles que todos hemos sentido, como el miedo a perderse (Hansel y Gretel) o a perder el afecto de nuestros seres queridos.
¿Cuál es el mejor cuento?
El mejor cuento será, probablemente, el que contemos con más emoción, ya que lograremos transmitir mucho mejor lo que sentimos y llegará con más fuerza a los niños convirtiéndose también en su favorito.
Afortunadamente hay muchos donde elegir, y con una gran variedad de temáticas que nos van a permitir desarrollar casi cualquier contenido, ya que el valor de los cuentos es incuestionable desde un punto de vista pedagógico.
Pero en este artículo queremos reivindicar la importancia de los cuentos tradicionales, ya que, aunque pueda parecernos que su contenido puede ser muy duro para los niños pequeños (lobos que comen cerditos, niños abandonados, niñas esclavizadas…) cumplen un papel importantísimo en el desarrollo emocional del niño. Y todos hemos podido comprobar cómo, al final, necesitamos al lobo para canalizar nuestros miedos (pobres lobos…).
El poder de los cuentos además hará, que esos niños que tanto los disfrutan, tengan muchas más posibilidades de convertirse en grandes lectores. O… escritores, quién sabe, quizá ya haya muchos Grimm entre nuestros pequeños.
Bibliografía:Ibarrola, B. Cuentos para sentir: educar las emociones. Ed. SM
Ana Muñoz
Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

